No se trata de cambiar el modelo de ganadería, sino de acabar con ella

Uno de los temas abordados en la Cumbre del Clima de Glasgow ha sido el de las emisiones de metano de la ganadería intensiva, es decir, aquella en la que se cría a un mayor número de animales en el menor espacio posible con el objetivo de aumentar la producción a costes más reducidos. Y sí, es cierto que la ganadería (no solo la intensiva) es una de las principales causas de esas emisiones de metano, pero también es verdad que la capacidad destructiva de esta actividad no solo está en el metano, sino también en la contaminación de las aguas, el uso de fertilizantes tóxicos en los cultivos destinados a la alimentación de esos animales o el transporte que requiere esta industria.

Los líderes mundiales se han comprometido a reducir esas emisiones contaminantes, sin tener en cuenta lo anterior, y por ello, plantean una especie de transición a un modelo de granjas extensivas o ecológicas, y el sector cárnico está de su lado, ya que no pueden seguir negando el impacto negativo de su actividad. Sin embargo, ni la ganadería extensiva ni la mal denominada ecológica son la solución, primero porque generarían pérdidas para la propia industria, que aunque presuma de bienestar animal y compromiso medioambiental, cada vez está creando más macrogranjas y aunque estas fueran extensivas tampoco existiría dicho bienestar animal. Y segundo, porque el impacto de la ganadería en el entorno sería tan perjudicial o más que con el modelo intensivo.

Lo que ocurre es que la industria cárnica y láctea son tan fuertes e influyentes que no escucharemos a ningún líder internacional pronunciar palabras negativas con respecto a estas, y mucho menos, decir que es necesario abolir totalmente la ganadería y comenzar una reconversión hacia una alimentación basada en plantas. Pero hay demasiados intereses económicos de por medio como para que los gobiernos apuesten de una manera contundente por esto, así que como siempre, el cambio vendrá de la sociedad, o quizá cuando las consecuencias del cambio climático sean aún más evidentes, si es que no lo son ya.

De algún modo, las principales asociaciones ecologistas se han unido a esa idea de reducir el consumo de carne y apostar por una ganadería sostenible, sin pararse a pensar que es imposible que la ganadería sea sostenible; y sobre todo, sin pararse a pensar que cualquier tipo de ganadería genera maltrato, explotación y muerte hacia los animales. Puede que esto último no tenga nada que ver con el medio ambiente, pero debería ser un motivo más que suficiente para hacer que muchos abran los ojos.

Y los productos veganos, ¿no contaminan?

En ocasiones, se ha atacado al veganismo bajo la premisa de que ciertos productos cien por cien vegetales también generan emisiones. Pero lo cierto es que las personas veganas no consumimos este tipo de productos procesados a diario y los nutricionistas, de hecho, recomiendan que su consumo sea ocasional, porque la alimentación más sostenible (a la par que necesaria) es la que se basa en frutas, verduras, cereales, legumbres, frutos secos y semillas, que no necesitan ningún tipo de procesamiento. Y sí, la agricultura también contamina, y por eso los gobiernos deberían centrarse en apoyar un modelo de consumo más local y ecológico en lo que respecta a la producción de vegetales, y menos en perpetuar las explotaciones ganaderas. Y por su parte, las industrias han de reconvertirse y ser más «verdes», no solo la alimentaria, sino también otras como la textil o la tecnológica. Aquí no incluyo las industrias cárnica o láctea, porque estas, directamente, deberían desaparecer, ya que no solo hablamos de una cuestión medioambiental, sino también ética.

Sin estas industrias, nos ahorraríamos litros y litros de agua, la contaminación de nuestros ríos, una buena parte de las tan mencionadas emisiones de metano y todos los desechos contaminantes de la ganadería. Puede que el mundo no se vaya a convertir en vegano, y si eso sucede estamos a años luz, pero desde luego, un modelo de consumo más responsable y sin animales de por medio le haría un favor al medio ambiente.

Hay quienes sostienen que si todo el mundo fuera vegano, habría que talar bosques para alimentar a los millones de humanos que lo habitan, pero ¿esta gente se ha parado a pensar en algún momento que esto mismo está pasando para alimentar a los millones de animales de la ganadería? ¿Se han parado a pensar que los requerimientos nutricionales de esos millones de animales son más altos que los de los humanos? ¿Se han parado a pensar en un modelo de consumo diferente al actual? Creo que no. Y también creo que esta visión de un futuro vegano es un tanto utópica, pero eso no debe ser la excusa para seguir participando en la muerte diaria de cerdos, ovejas, corderos, vacas o pollos criados para vender sus cuerpos envasados en bandejas. Y tampoco valen excusas como: «en África comen carne», sin conocer realmente la alimentación de las comunidades a las que se refieren, que de hecho, en muchos casos está basada en vegetales; o «aunque me haga vegano los animales seguirán muriendo», porque tampoco es así. Los consumidores tenemos más poder del que imaginamos.

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