Vegana y de pueblo

«No conoces el campo«, «no has visto una vaca en tu vida», «hay gente que vive de la ganadería«, «si no se comiera carne, los animales se extinguirían», «te invito a venir al pueblo a cuidar vacas», «mis abuelos comían pollo porque era lo único que tenían en el pueblo» o «pijos de ciudad que no tienen ni idea» son comentarios bastante frecuentes dirigidos a personas veganas o animalistas por parte de otras personas que creen tener muchos más conocimientos sobre animales por el simple hecho de haber crecido o vivir en un entorno rural, aunque lo más probable es que lo único que sepan es cómo explotarlos o sacar el máximo provecho de ellos.

En mis redes sociales, ya he tenido algún que otro comentario de este tipo en los que se me tilda de «pija de ciudad» o de no tener ni idea de animales sin conocerme de nada y sin saber que soy de un pueblo y llevo toda la vida rodeada de ovejas, vacas y gallinas. Una vez que lo menciono, hay quienes incluso parecen querer pelear por ver quién es más de pueblo. Absurdo, ¿verdad?

Y es que no tiene ningún sentido criticar el veganismo por el hecho de que la mayoría de las personas veganas vivan en ciudades, porque, en primer lugar, hay más población en ciudades y cualquier movimiento suele avanzar más rápido en estas; y en segundo lugar, no por ser de pueblo eres un insensible o tienes que estar de acuerdo con el resto de tu entorno. Pero de cualquier manera, si de verdad ser de ciudad te hace una persona más empática y eso te va a permitir comprender que la explotación hacia los animales está mal y debe ser abolida, me parece algo de lo que estar orgulloso y para nada es motivo de insulto.

Es cierto que las personas de los pueblos estamos mucho más cerca de la ganadería, de la caza, de la pesca, de las fiestas populares con toros y del maltrato animal en general. Hay niños que desde muy pequeños ya están familiarizados con la caza y las armas; con la explotación de vacas, ovejas, cabras, cerdos o gallinas; con la tauromaquia; con el maltrato a perros, etc., porque así son educados. De hecho, recuerdo perfectamente cuando iba al colegio y algunos niños hablaban de todos estos temas como si fuera lo más normal del mundo.

Y es muy complicado que esas personas que desde pequeñas tienen esas vivencias puedan comprender el veganismo, es difícil que vean que lo que le han transmitido sus padres está mal, que los jabalís que cazaba su padre los domingos merecían vivir, o que la leche de las vacas que ordeñaban por las tardes era para los terneros y no para los humanos.

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También es cierto que, en mi caso personal, mis padres no han sido cazadores, ni ganaderos, ni les gustaba ir a los encierros tradicionales de cada verano, así que no me han inculcado nada de eso a pesar de vivir en un entorno donde primaban todas esas actividades. Y desde luego, eso ha influido en la forma como hoy pienso y en la forma como piensan otras personas en una situación parecida a la mía, porque quienes proceden de familias de ganaderos, cazadores o aficionados a las corridas de toros tienen mucho más difícil, aunque no imposible, esa tarea de deconstrucción. Lo veo cada día.

Me parece muy triste cuando escucho a una niña decir a su padre que mate un cerdo porque está muy rico, y esto es un caso real que he vivido. También he visto a dos niñas procedentes de familias ganaderas decir que les da pena que maten a los animales pero que les gusta mucho el sabor de la carne (muchas veces se limitan a repetir lo que oyen a los adultos). Cuando veo algo así me pregunto si algún día estas niñas llegarán a informarse de lo que realmente es la ganadería, si serán sensibles al sufrimiento animal o si comprenderán que explotar a los animales es un abuso injustificado. Realmente, no sé si eso pasará, pero si sé que vamos hacia una sociedad en la que cada vez se rechaza más el consumo de carne y lácteos.

Además, si hablamos de niños de pueblo, a día de hoy hay muchos menos que proceden de familias ganaderas porque esta actividad está desapareciendo (en extensivo, porque en intensivo no deja de crecer). En este sentido, siempre vendrá alguien a preguntar de qué se va a vivir en el campo cuando ya no haya ovejas, vacas ni cerdos, o a decir que la ganadería es una solución a la despoblación, o a achacar el hecho de que cada vez menos gente se dedique a la ganadería en los pueblos a medidas gubernamentales cuando es algo que desaparecerá por sí solo (pero mientras tanto, se subvenciona).

No presumas de ser el mayor defensor de los animales por ser cazador o ganadero, porque eso está muy lejos de lo que en realidad eres. No menosprecies a las personas que no han crecido rodeadas de vacas por el hecho de condenar el consumo de carne o de lácteos, porque al final, la sociedad rural también avanzará hacia un menor consumo de carne. Y ya lo está haciendo. En pueblos pequeños como el mío ya hay leches y yogures vegetales, cuando antes ni siquiera vendían copos de avena, y poco a poco, cada vez encontramos más congelados veganos que antes no se ofertaban. Incluso las personas mayores, esas que siempre han visto la ganadería y la caza como algo normal, están sustituyendo la leche de vaca por leche de soja o de avena. La demanda aumenta, también en los pueblos, y eso solo obedece a un cambio de conciencia que avanza poco a poco. El veganismo es imparable.

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