La crítica más absurda al movimiento animalista

Una de las críticas más estúpidas e infundadas que suelen hacerse a quienes defendemos a los animales es que estamos subvencionados. Según esta lógica, no se puede ser sensible hacia el resto de especies, ni tener empatía, ni criticar el sistema especista en el que vivimos sin dinero de por medio. Lo más curioso es que estas críticas suelen proceder de colectivos que sí están verdaderamente subvencionados, como los ganaderos; o que aunque no reciban ayudas económicas de forma directa, suelen contar con el apoyo de las administraciones, como los cazadores.

En los últimos años, estos colectivos han visto cómo sus actividades cuentan con un rechazo social cada vez mayor. En el caso de la caza, la cifra de licencias disminuye cada año y la actividad cinegética ha perdido tanto interés que incluso hay quienes intentan introducirla en los colegios para inculcarla a los más pequeños y que no se pierda. Y en el caso de la ganadería, cada vez se muestran más realidades que antes permanecían ocultas, como la contaminación que provoca, la situación en la que se mantiene a los animales, el uso de antibióticos, los problemas de salud que provoca el consumo de ciertos productos de origen animal o la deforestación.

Solo por estas razones puedo comprender que quienes se dedican a ello reaccionen atacando y asocien ciertas medidas gubernamentales con un apoyo administrativo al movimiento animalista, pero nada más lejos de la realidad.

Así, hemos podido ver comentarios en los que se llama a las personas veganas o animalistas «subvencionadas» en campañas como la de «Menos carne, más vida«. Pero lo cierto es que es la actividad ganadera la que recibe subvenciones como la de la PAC, mientras las asociaciones animalistas se mantienen a base de socios o donaciones puntuales que muchas veces no alcanzan para emprender determinadas acciones.

La realidad: trabas administrativas

Las personas que luchan por los animales no lo hacen un dinero, sino porque es una causa en la que creen. Sería inviable montar un santuario con ánimo de lucro y con la única intención de recibir dinero. De hecho, ningún organismo público aporta nada económicamente a centros de este tipo, y lo que aportan a protectoras de animales o perreras no suele llegar para cubrir todos los gastos que genera la alta cifra de perros o gatos a los que atender. Ojalá disfrutaran de ayudas de la magnitud de la PAC. Pero por el contrario, las personas que se lanzan a crear un refugio se encuentran, muchas veces, con la incomprensión de su entorno y con un montón de trabas administrativas por parte de unas instituciones cuyas leyes están pensadas para explotar a los animales o que los consideran objetos.

Photo by RODNAE Productions on Pexels.com

Para terminar, solo me queda pedir un favor a quienes afirman que el veganismo y el animalismo son movimientos subvencionados: que me digan todo lo que hay que hacer para pedir esa subvención. Sería de gran ayuda para los animales, porque no puede ser que nuestros impuestos sigan financiando la tortura en las plazas de toros, la cría de cerdos, de pollos o de terneros para matarlos con pocos meses de vida o la crueldad de los laboratorios que experimentan con animales, entre muchas otras prácticas de maltrato animal, mientras se invisibiliza a quienes los defienden.

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