Explotar no es querer

«Nadie quiere más a los animales que un ganadero«. Desde que me soltaron, sin ningún tipo de vergüenza y con todo convencimiento, esa frase, he tenido ganas de contestar a ella en este blog, aunque es algo que ya había escuchado antes y suele ser un comentario típico con el que los ganaderos y defensores de la explotación animal responden a las personas animalistas. Piensan que por tener un negocio en el que todos los días tienen que alimentar y cumplir unas determinadas normas de supuesto «bienestar animal» quieren a los animales. Pero en realidad, eso no es querer. Eso es explotar. Y no es querer porque lo hacen por el único motivo de que es su forma de ganarse la vida. Su negocio.

Nadie diría que un cocinero es la persona que más quiere a los comensales por el hecho de que les da de comer, ya que si lo hace es porque es su trabajo. Tampoco diríamos que un vendedor es la persona que más quiere a sus clientes por el hecho de tratar de convencerlos para comprar la mejor oferta. O que un profesor quiere más a los niños que cualquier otra persona por el hecho de enseñarles matemáticas. Por poner un ejemplo más extremo, y aunque es un poco peliculero, nadie diría que un secuestrador es quien más quiere a sus reos simplemente porque los mantiene con vida mientras espera a que alguien pague la cantidad que pide por su liberación.

Y si buscamos ejemplos relacionados con los animales, un criador de perros no es la persona que más quiere a los canes, sino todo lo contrario. Los explota para vender a los cachorros y sacar un beneficio, pero muchas veces, los que nadie compra acaban muriendo, y las madres terminan desarrollando enfermedades o se las mantiene en unas condiciones pésimas. Un científico que experimenta con animales tampoco es la persona que más los quiere. Por supuesto, un torero no ama a los toros, por mucho que se empeñen en hacer esa absurda afirmación. Ni tampoco los cazadores tienen ningún tipo de aprecio por los animales que matan. Si no, no los matarían. Es pura lógica.

Yo considero que quiero a mi perra y a mi gata. En primer lugar, y aunque haya utilizado el posesivo «mi», no considero que ambas sean de mi propiedad, aunque sí tengo toda la responsabilidad sobre ellas. Para un ganadero, los animales sí son de su propiedad, y así lo marca la normativa. Sin embargo, cuando alguno de ellos enferma o sufre cualquier accidente, muchas veces se desentienden y lo deja morir, eludiendo su responsabilidad. Si ya se quejan cuando tienen que cumplir con las normas higiénicas y los procedimientos veterinarios obligatorios, mucho más cuando tienen algún contratiempo de ese tipo, y eso que los gastos veterinarios les salen más baratos por ser ganaderos. Sin embargo, cualquier persona que ame al animal o animales con que convive, entiende que debe invertir en ellos y procurarles atención veterinaria siempre que la necesiten, sea o no obligatorio.

Photo by Maria Orlova on Pexels.com

Por otro lado, jamás se me ocurriría explotar a mi perra o a mi gata para producir cualquier alimento, o para criar, o para ser usadas como entretenimiento. Sin embargo, ese es el día a día de los ganaderos. Algunas cerdas son criadas únicamente para ser madres reproductoras; con las vacas sucede lo mismo, y no contentos con eso, les quitan la leche de sus bebés para consumo humano; los toros se crían para ser usados en espectáculos sangrientos sin sentido, y al final, el destino de todos esos animales es la muerte. O por ser más explícitos, el asesinato. Porque la carne no procede de animales fallecidos de viejos.

¿A quién se le ocurriría llevar al matadero a un animal que quiere? A mí, desde luego, jamás se me pasaría por la cabeza, y así se lo hice saber al ganadero que me dijo la frase con la que he comenzado. Después, se fue por las ramas con otros argumentos carentes de sentido intentando convencerme de que tenía razón. Cuando no supo contestarme a nada, dijo que ya se marchaba, pero en lugar de eso, pasó a dirigirse a otra de las personas presentes que sabía que le iba a dar la razón.

Y puede venir cualquier ganadero a decirme que ellos también se encariñan con los animales, pero si los explotan para luego asesinarlos, están primando el dinero al sentimiento. Un sentimiento que yo no definiría como amor. No se puede tener una explotación ganadera como medio de vida y a la vez amar a los animales. Pero ellos creen que los quieren porque acuden a darles de comer todos los días, aunque los animales ni siquiera tienen nombre. Son números.

Para terminar, quisiera añadir que esto no es ninguna pelea por ver quién ama más a los animales. Una persona vegana, animalista o antiespecista tampoco es, necesariamente, quien más los quiere. Pero sí es, quizá, quien más los respeta. No hace falta amar a todas las vacas, a todos los cerdos, a todos los pollos o a todos los conejos que sufren la explotación animal, porque no los conocemos, e incluso puede que muchos veganos ni siquiera hayan visto a muchos ejemplares de estas especies en su vida, más allá de los trozos de su carne. Lo único que hace falta es respetarlos, entender que son individuos con sus propios intereses, que no quieren morir degollados, ni ser explotados, ni ver cómo les quitan a sus hijos cada vez que tienen un parto. Entender que son seres sintientes que tampoco son tan distintos a nosotros.

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