Mi experiencia con las aves

En esta época del año, se ven más aves que nunca en ciudades y pueblos. Lamentablemente, no todo el mundo las respeta y hay quienes destruyen sus nidos, impidiendo la cría; o quienes ven a algunas de ellas en apuros y no son capaces de ayudarlas, sobre todo cuando se trata de palomas.

A lo largo de mi vida, he tenido diferentes experiencias relacionadas con las aves, algunas enriquecedoras y otras no tan positivas. Gallinas, palomas, gorriones, vencejos, canarios o periquitos me han acompañado en ciertos momentos y hoy me gustaría rememorarlos. Empezaré por mi infancia.

Recuerdo perfectamente el día en que mi padre se presentó en casa con un canario. Lo había comprado y, como no podía ser de otra manera, el animal estaba enjaulado. Durante muchos años, percibí como algo normal que hubiese aves en jaulas. Al fin y al cabo, pensaba, dependen totalmente de los humanos y no sabrían vivir en libertad. Sin embargo, no había llegado a la conclusión de que la opción ideal es no criar aves para condenarlas al encierro. Aquel canario, que vivió varios años, fue el primer animal al que conocí de cerca. Después vinieron gatos, perros o peces, entre otros.

Cuando murió, acudimos en familia a comprar otro canario, que esta vez duró mucho menos tiempo a causa de la alimentación que le dimos (recomendada por la dependienta de la tienda). Entonces, volvimos a aquella tienda, que por suerte ya cerró sus puertas, a buscar otro canario, pero no sin antes comentarle a la dependienta lo que había sucedido. Ella se justificó diciendo que «les dan infartos» y nos volvió a recomendar la misma comida. Esta vez no le hicimos caso y el pájaro vivió más tiempo.

Cuando este último falleció, mi padre se presentó en casa con dos periquitos, uno de color verde y la hembra de color blanco. Convivieron con nosotros durante bastante tiempo, hasta que un día uno de ellos descubrió que la puerta de esa jaula se podía abrir y escapó. Porque ese es su instinto. Las aves no quieren estar encerradas, sino volar libres, aunque no tengan ninguna posibilidad de supervivencia, como en este caso. Un tiempo después, la hembra hizo lo mismo.

Después de estas experiencias, me negué a tener más aves en mi casa enjauladas, y mis padres también entraron en razón. Pero estos no han sido los únicos pájaros que ha habido en mi vida. En una ocasión, encontramos a un gorrión bebé que no podía volar. De hecho, son bastantes las aves que he localizado en esta situación, aunque ahora sé que no siempre se deben coger, pero esto depende de la especie. Aquel gorrión vivió conmigo hasta que al fin fue capaz de volar. Recuerdo con alegría aquel día en el que lo soltamos y salió volando hacia el frente para posarse en una ventana, de la que después se marchó hasta que lo perdí de vista. Por desgracia, el siguiente gorrión que tratamos de recuperar murió en casa.

Los vencejos son esas otras aves a las que he visto caídas del nido en algunas ocasiones. En estos casos, son aún más difíciles de recuperar, pero cogerlos es una obligación si no son capaces de volar o si están heridos, ya que su madre no los atiende una vez salen del nido, a diferencia de otras especies. El primer vencejo que intenté recuperar era adulto, pero tenía un ala dañada. Lo encontró mi abuela y lo dejó en mi casa. Allí estuvo unos días hasta que pudo volar por sí solo.

Años después, y no hace demasiado tiempo, mi pareja encontró un vencejo bebé al que también tratamos de sacar adelante, pero no fue posible. En el Centro de Recuperación de Animales Salvajes más cercano me dijeron que no tenían capacidad para albergar más aves, pero me dieron indicaciones de los cuidados que necesitaba. Sin embargo, fue muy triste ver como su vida se apagaba poco a poco, hasta que finalmente falleció.

Hace aún menos tiempo, localicé otro vencejo en el suelo sin poder levantar el vuelo. Esta vez lo lancé para ver si volaba y, efectivamente, salió volando. Intenté visualizar hacia dónde iba por si acaso estaba herido y se caía pero se marchó lejos y no parecía tener ninguna herida. Siempre me preguntaré qué fue de él, porque en estos casos nunca se sabe qué les va a deparar a los animales, pero la libertad es lo más preciado.

Además de esas aves, he tenido contacto con otras de mayor tamaño, como palomas y gallinas. Con las primeras, me sorprende mucho cómo hay gente que las odia solo por existir y como todavía hay quienes las crían en los pueblos para comerse a sus crías. No lo entiendo ni lo entenderé jamás.

Y en cuanto a las gallinas, puedo decir que son las aves a las que más de cerca he conocido porque han formado parte de mi familia desde que tengo uso de razón. Pero nuevamente, no deja de sorprenderme la forma como son explotadas por sus huevos, alimento del que podemos prescindir, o cómo la selección genética las ha machacado de una forma brutal. Sin duda, convivir con ellas desde el respeto es la mejor forma de conocerlas.

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