Ganadería y cambio climático

Ganadería y cambio climático

Te pueden decir lo que quieran, pero una alimentación basada en plantas va a ser siempre más sostenible que una omnívora y, por supuesto, que una con un alto contenido de carne. Sí, el aguacate que llega a Europa desde el continente americano es más sostenible que el filete de carne de proximidad.

Según la FAO, la ganadería es responsable del 14’5% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las investigaciones al respecto coinciden en que reducir el consumo de productos de origen animal, sobre todo de carne de vacuno y lácteos, sería una forma de mitigar el problema. Si a eso sumamos la terrible explotación a la que se somete a los animales y que no son alimentos necesarios para nuestra salud, su consumo pierde todo el sentido.

Pero no solo la ganadería vacuna emite gases de efecto invernadero. Sí son los rumiantes los animales que emiten más metano, pero también lo hacen los cerdos o las aves, como los pollos, si bien estos emiten, principalmente, óxido nitroso. Cuando mencionemos esto, siempre vendrá el típico iluminado a decirnos que toda la vida ha habido vacas, cerdos y gallinas y es solo ahora cuando se habla de este problema. Es evidente que el iluminado de turno no ha tenido en cuenta o no es consciente de que nunca antes se habían criado tantos millones y millones de animales. En algunos lugares, ya hay más cerdos que seres humanos.

Agricultura

Aunque puede sonar un tanto paradójico, el impacto de la agricultura en el medio ambiente es otro motivo para aumentar el consumo de vegetales en detrimento de los productos de origen animal. Y es que en el mundo en que vivimos, lamentablemente, agricultura es sinónimo de ganadería. Basta con darse un paseo por tierras castellanas para ver esos extensos campos de cereales como el trigo, pero también de maíz o de colza. Si alguien piensa que ese trigo se utiliza para hacer pan, que el maíz es el que después compramos en conserva en el supermercado y que la colza sirve para hacer las patatas fritas que comemos para merendar, se equivoca. La mayoría de los productos de esos cultivos se utilizan para hacer los piensos que alimentan a los animales de la ganadería.

Una vaca puede comer unos 24 kilos de materia seca al día y puede llegar a beber hasta 200 litros de agua. ¿Nos imaginamos la cantidad de comida que necesitan las millones de vacas que se crían por su carne o su leche? ¿Nos podemos hacer una idea de cuántos seres humanos podrían alimentarse con esas ingentes cantidades de comida si no existiera la ganadería? Después nos dicen a los veganos que hay niños pasando hambre mientras nosotros ns preocupamos por los animales.

Pero eso no es todo. No podemos olvidarnos de los fertilizantes, herbicidas, pesticidas, plaguicidas y otros productos químicos que son utilizados en la agricultura para asegurar la rentabilidad de los cultivos. Contaminación, y más contaminación. En relación con esto, tampoco podemos olvidarnos del problema de los monocultivos, es decir, la siembra de una sola planta año tras año, el modelo habitual de esa agricultura que alimenta a los animales que nos comemos. Los monocultivos afectan negativamente a la biodiversidad, al suelo o a las propias comunidades locales, cuyos medios de vida se ven directamente afectados. Mientras tanto, nos siguen hablando de salvar a las abejas, unos insectos esenciales para la vida en el planeta que necesitan de una diversidad de plantas para alimentarse, pero nadie pone el foco en los monocultivos como una de las causas de que estos animales se encuentren en peligro.

Hablamos de grandes cantidades de terrenos cultivados, lo que nos lleva a otro problema más: la deforestación. Para tener esos extensos campos es necesario espacio. ¿Y qué hace la industria ganadera? Deforestar. El mejor ejemplo es el Amazonas y el cultivo de soja. Pero no esa soja que se utiliza para hacer el tofu que comemos los veganos, no. La soja con la que se alimenta a los animales de la ganadería. Este modelo alimentario depredador no solo afecta al medio ambiente o a los animales y plantas autóctonas de los bosques talados, sino también a las comunidades de humanos que allí habitan. Tal vez hayas visto esas imágenes de la industria maderera talando bosques que eran la «casa» de algunos grupos humanos. Con la industria ganadera, la situación no es muy diferente.

En ella, a veces los árboles se talan directamente. Otras veces, los propios ganaderos provocan incendios para convertir el bosque en tierras de pasto. Y esto no solo pasa en el Amazonas, también pasa en España, y concretamente, en el ámbito de la ganadería extensiva, esa que a veces se plantea como solución a todos los males pero que tampoco es sostenible.

Monos afectados por el incendio en un bosque
Imagen de Ria Sopala en Pixabay

Agua

El otro gran motivo por el que ganadería y sostenibilidad son términos incompatibles es el gasto de agua. Según la FAO, para producir un kilo de carne se necesitan entre 5000 y 20000 litros de agua. Aquí se engloba tanto la utilizada para que los animales beban como la necesaria para producir los alimentos que estos comen en esos extensos terrenos de cultivos que necesitan el riego para desarrollarse.

Sin embargo, producir un kilo de proteína vegetal requiere 18 veces menos tierra, diez veces menos agua, nueve veces menos combustible, doce veces menos fertilizantes y diez veces menos pesticidas que producir un kilo de proteína de carne de vacuno. ¿Y si podemos obtener la proteína a partir de vegetales, qué necesidad hay de todo este gasto de recursos? Pues la necesidad de unos pocos de llenar sus bolsillos (y sus cuentas bancarias) mientras nos hacen creer que no podemos vivir sin carne y mientras nosotros mismos nos lo creemos sin ir más allá porque no queremos renunciar a un hábito que nos encanta.

Pero el impacto del consumo de carne en el medio ambiente no acaba aquí. Hay otro factor que no se debe pasar por alto, el transporte. Si los medios de comunicación no hablan demasiado sobre la relación entre la ganadería y el cambio climático, sí suelen enfocarse en la contaminación por parte de la industria automovilística. Pues bien, no solo los particulares que se van de vacaciones o que utilizan su coche a diario para ir al trabajo contaminan. También lo hace la industria ganadera con el uso de tractores y otros tipos de maquinaria en los cultivos de cereales o de soja; cada vez que un camión traslada a los animales a un matadero, camiones en los que no cabe ni un alfiler; o cada vez que esos animales salen del matadero convertidos en filetes de camino a la carnicería.

Transporte, productos químicos, deforestación, abuso de los recursos… Son muchas las razones por las que la ganadería es una de las causas del cambio climático. Los políticos seguirán diciéndonos que usemos el transporte público y bolsas de tela o pajitas de acero inoxidable en lugar de plástico. Ninguno de ellos se atreverá a meterse con la industria ganadera porque es un lobby demasiado fuerte al que, por cierto, no dejan de darle subvenciones. Un lobby que seguirá disfrazándose de sostenible cuando es imposible que lo sea. Y sobre todo, un lobby que seguirá enriqueciéndose a costa del sufrimiento de millones de animales.

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