Los animales no deberían formar parte de nuestras fiestas

Los animales no deberían formar parte de nuestras fiestas

A punto de entrar en las celebraciones de Navidad, es imposible no acordarse de los millones de animales que serán asesinados para acabar en los platos de las comidas y cenas de miles de familias. Muchas veces, animales que prácticamente acaban de nacer. Cerdos, corderos, cabritos, pavos, pollos, y también peces y crustáceos.

Me pregunto si algún día seremos capaces de celebrar nuestras fiestas y tradiciones sin animales de por medio. ¿Tan difícil es preparar cenas espectaculares sin carne ni pescado? A más de uno le sorprendería lo fácil y delicioso que sería. Y lo diferente también, porque parece que algunos no se aburren de cenar lo mismo cada 24 de diciembre.

Pero hoy no vamos a hablar de comida ni de platos con trozos de mamíferos, aves o peces, sino de esos otros animales a los que también hacemos partícipes de nuestras celebraciones, o más bien, a los que obligamos a ser partícipes de estas.

Y en la Navidad podemos encontrar algunos ejemplos. En países como Alemania, hace días tienen lugar sus clásicos mercados de Navidad. Hace tan solo una semana, en uno de ellos, de ambientación medieval, pude observar a varios caballos que no deberían estar allí. Demasiada gente, demasiado ruido, demasiado estrés para unos animales que nada tienen que hacer en un mercado organizado por humanos, para humanos, rodeados de puestos de perritos calientes, de tartas y de crepes. No hacía falta que nadie golpeara a esos caballos para darse cuenta de que eso también es una forma de maltrato.

De vuelta a España, donde se llama «fiesta nacional» a matar toros en una plaza o todavía se llama «fiesta» a la matanza, también podríamos preguntarnos qué pintan los camellos y dromedarios en las cabalgatas. ¿Somos capaces de construir cohetes espaciales, pero no se nos ocurre sustituir a los animales reales por alternativas? Hasta podríamos servirnos de la tecnología para ello. Y a los niños basta con explicarles que los camellos no quieren estar ahí. Seguro que lo entienden mejor que muchos adultos.

Lo mismo sucede con los burros, cabras u ovejas que se ven en algunos belenes vivientes. Los animales no son objetos de exposición.

En algunos pueblos, también se usan burros en las celebraciones de los quintos, rodeados de jóvenes ebrios que constantemente están tirando petardos, que también son un peligro para otros animales, como perros, gatos o aves.

Pero esto no es solo una cuestión navideña. Los animales son habituales en otras festividades y en romerías de pueblos. El Rocío, sin ir más lejos. O esas fiestas en las que se sortean animales como si fueran un televisor.

Puede que todas esas fiestas formen parte de nuestra cultura. Pero el uso de animales debería ser cosa del pasado. De ese pasado al que muchas veces hacen referencia. Un pasado que nunca fue mejor. Los animales no están para entretenernos. Sencillamente, no existen por y para nosotros, sino por y para sí mismos, aunque ese afán de superioridad nos dificulte creerlo.

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