¿Eres animalista?

Un perro y un gato

¿Te consideras una persona animalista, rechazas definirte con este término o no sabes muy bien a qué hace referencia? Muchas personas veganas y antiespecistas nos definimos también como animalistas. Otros miembros de este colectivo, sin embargo, no se definen como tal, y esta palabra, por otro lado, tiene entre cierto sector de la población una connotación negativa. Es normal que algunas personas no sepan si es algo bueno o malo, porque no puede ser malo defender y querer ayudar a los animales, pero a la vez, no son pocos los medios de comunicación que utilizan este término para fomentar el odio y confunden demasiado.

«Animalistas se mofan de un cazador fallecido», «Animalistas desean la muerte a un torero herido en una corrida», «Animalistas reciben subvenciones millonarias», «Así actúa el lobby animalista», Los animalistas quieren obligarte a esterilizar a tu perro», «Los animalistas quieren acabar con las tradiciones»… Estos podrían perfectamente ser los titulares sensacionalistas que buscan el clickbait de algunos medios de comunicación, o parte de los comentarios que pueden verse en noticias sobre animales, sobre caza o sobre tauromaquia.

¿Qué buscan los medios que los utilizan? Muy sencillo: ponen a los animalistas como una especie de seres diabólicos, dictadores o grandes millonarios que defienden a los animales por dinero para fomentar el odio o el rechazo hacia este colectivo, o como personas misántropas que solo se preocupan por los individuos de otras especies. Pero ya nos odian demasiado los cazadores y taurinos que entran a estas noticias. Que paren ya con el clickbait, por favor.

Lo cierto es que estos titulares pueden aparecerse ante cualquier otra persona, y esa es la visión que se lleva del movimiento animalista, a menos que decida informarse de verdad.

Qué es ser animalista

Según la RAE, animalista es aquel que defiende los derechos de los animales. Hasta hace poco tiempo, este término solo hacía referencia al tipo de arte que representa animales y la primera acepción no se recogía en el diccionario, pero el crecimiento de este movimiento motivó su inclusión por la RAE. Y es que a día de hoy, cualquier persona que escuche hablar de animalistas asocian el término a los defensores de los animales, no al arte.

Si atendemos a esta definición, las personas veganas y antiespecistas deberíamos considerarnos también animalistas, puesto que no solo nos negamos a participar de la explotación de los demás animales y no consideramos a estos inferiores a nosotros, sino que también defendemos los derechos de los animales. Sin embargo, algunas personas veganas prefieren no vincularse con esta palabra.

Y es que durante muchos años, se han denominado a sí mismas animalistas personas que iban a manifestaciones contra la tauromaquia, pero después se comían un filete de ternera; o que acudían de voluntarias a la protectora para ayudar a los perros, pero su nevera contenía carne de otros animales o productos derivados de estos; o que alzaban la voz ante el maltrato a un gato feral, pero no decían nada sobre el trato a los animales en las granjas.

Claro, desde pequeños nos enseñan que algunos animales están para producir y otros para darnos compañía, ambos aspectos especistas, por cierto, porque los animales no están para darnos nada. Basta con que los respetemos y los dejemos en paz.

Es normal que una persona que ha comido carne toda su vida no vea esto como algo negativo. Todo lo contrario. Asocia la carne a buenos momentos, al placer o a la felicidad. Jamás ha ido a una granja industrial o a un matadero, y prefiere no hacerlo. Pero la cosa cambia si presencia en directo la muerte de un toro agonizando en una plaza, o el maltrato a un perro como ese con el que convive.

Muchas de las personas que hoy somos veganas también hemos pasado por esa fase de considerarnos antitaurinas o anti-caza, o de condenar el abandono o el maltrato de perros y gatos mientras comíamos carne. Y si hoy somos veganas es porque hemos entendido que no hay diferencias entre un perro y un cerdo, porque tenemos un mínimo de sensibilidad o porque simplemente creemos que los demás animales merecen respeto, independientemente de que nos provoquen o no empatía.

Y sí, sigue habiendo trabajadores y voluntarios en protectoras de perros y gatos que comen carne. Sigue habiendo antitaurinos que comen carne. Sigue habiendo ecologistas que solo comen carne de granjas extensivas. Sigue habiendo especismo, no es ningún secreto. Pero también es cierto que el panorama está cambiando. Que hoy hay muchos más veganos, o al menos vegetarianos, en las manifestaciones antitaurinas y en las protectoras. Y que los que no lo son, tienen muchas más posibilidades de dar el paso que cualquier persona fuera de estos ámbitos.

Animal y animalista

El hecho de que haya antitaurinos que comen filetes de ternera y se llamen a sí mismos animalistas no va a hacer que deje de identificarme con ese término. Cuando comía carne pero me posicionaba contra el maltrato en las plazas de toros, contra la caza o contra el abandono de perros, me consideraba animalista. Después entendí que no era suficiente. Que había muchos más animales sufriendo, pero hasta ese momento no tenía la información o no había querido tenerla. Que es igual el toro agonizando en una plaza que el gato perdido o la vaca del plato. Me hice vegana, y seguí llamándome animalista.

Soy animalista, y también vegana y antiespecista, aunque a algunas personas la palabra «animalista» les parezca un insulto. Eso es buena señal, y no son tantas como parece, aunque sus clics en noticias sensacionalistas les den hagan pensar lo contrario. Tal vez piensen que no son animales.

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