Los rinocerontes podrían desaparecer de los parques nacionales del sur de África en 60 años
El año pasado fue el más cálido desde que se empezaron a llevar registros en 1850, y los récords anteriores se encuentran también en la última década. Ya hay más de un millón de especies en peligro de extinción y se prevé que la cifra aumente con la crisis climática. A muchas especies solo les quedan dos opciones: adaptarse o desplazarse.
Anfibios como las ranas están experimentando mortalidades masivas a medida que aumentan las olas de calor extremo que llegan a temperaturas por encima de lo que pueden tolerar. Sin embargo, los científicos sostienen que todavía no conocemos la tolerancia al calor del 93% de las especies de anfibios conocidas.
Los insectos también están sufriendo cambios. Las libélulas de color oscuro se están volviendo más pálidas para reducir la cantidad de calor que absorben, y los lagartos se están haciendo más tolerantes al frío para manejar la variabilidad extrema del clima actual. Las plantas no están exentas a estas adaptaciones, y muchas ya florecen antes de tiempo.
Para otras especies el cambio climático es un camino directo a la extinción. Es el caso de los numbats, unos marsupiales australianos en peligro que ya se enfrentan a riesgos como la pérdida de hábitats y que ahora tienen que hacer frente a las altas temperaturas que no soportan bien. Estos animales son de los pocos marsupiales activos durante el día, momento en el que salen para alimentarse de termitas.
Un estudio reciente señala que los numbats están sufriendo por el aumento de las temperaturas, incluso cuando están a la sombra. El calor que irradian los objetos o el del suelo y el aire pueden hacer que se sobrecalienten. Cuando las temperaturas del suelo y el aire alcanzan los 23ºC, estos animales solo pueden pasar diez minutos al sol antes de sobrecalentarse.
Así, con la emergencia climática los numbats se ven obligados a reducir el tiempo que pasan buscando comida o a trasladar esta actividad a otros momentos del día y enfrentarse a un mayor riesgo de depredación.
Otro estudio publicado en enero en Global Change Biology evaluó cómo las aves de zonas áridas afrontan las olas de calor. Los investigadores analizaron la vulnerabilidad de casi 1200 especies y descubrieron que la mayoría (888 de ellas) son vulnerables, incluidas 170 calificadas como «muy vulnerables» y ocho catalogadas como «extremadamente vulnerables». Las zonas de mayor riesgo se encuentran en Australia y África.
Tampoco hay buenas noticias para los rinocerontes. Otra investigación publicada en Biodiversity estima que estos animales no podrán vivir en los parques nacionales del sur de África en 2085. Con el aumento de las temperaturas, beber más agua, revolcarse más a menudo y situarse a la sombra no bastará a los rinocerontes para mantenerse frescos.
Estos animales se enfrentan también a la dificultad de desplazarse, puesto que los asentamientos humanos que cada vez están más desarrollados se lo impiden.
La vida en los océanos también corre peligro. Un informe de la revista Nature Communications explica que cuando as altas temperaturas reducen entre un 16% y un 26% el tamaño del fitoplancton, pequeños trozos de algas consumidos por organismos más grandes como el zooplancton y luego por los peces, el impacto en estos últimos es enorme al perder posibilidades de obtener nutrientes y alimentarse.
Además, los investigadores advierten de que es especialmente preocupante el descenso del fitoplancton en los lugares donde se concentra la actividad pesquera.
Fuente: Sentient Media.


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