Osh: el elefante que ha encontrado la paz en un santuario tras 20 años en un zoo

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40 zoológicos estadounidenses se han comprometido a dejar de exhibir paquidermos

Osh, un elefante africano de 30 años que ha pasado las dos últimas décadas cautivo en el zoo de Oakland (California), ha sido trasladado al santuario The Elephant Sanctuary, en Tennessee. Allí convivirá con otros elefantes el resto de su vida, un aspecto crucial para la especie.

Osh nació en cautividad en 1994, en el Howletts Wild Animal Park de Inglaterra, donde vivía con otros 14 elefantes antes de su traslado a Estados Unidos. En el zoo de Oakland tenía tres compañeras, Donna, M’Dunda y Lisa. Tras la muerte de las dos últimas en 2019 y 2023, Donna fue trasladada a The Elephant Sanctuary y ahora Osh podrá reunirse con ella. Además, compartirá espacio con otro elefante llamado Artie, tras un período de adaptación en el que estarán separados por una valla.

Está previsto que otros elefantes se unan a ellos este año, como Mikki y Punch, que actualmente viven en el zoo de Louiseville. No ha sido este el final feliz de Yoyo, elefanta africana que moría el pasado 28 de diciembre en el Zoo de Barcelona. Yoyo llegó al centro en 2009, procedente del desaparecido RioLeón Safari y su edad se estimaba en unos 54 años en el momento de su muerte, por lo que es considerada una de las elefantas más longevas en cautividad. Previamente, había vivido en un circo que le dejó lesiones físicas y psíquicas. Convivía con Susi y Bully, cuya liberación en un santuario ha sido reclamada durante años por organizaciones en defensa de los animales.

Osh llegó al santuario de Tennessee tras un largo viaje de 46 horas. Organizaciones como In Defense of Animals, que cada año realiza una lista con los diez peores zoológicos para elefantes, celebraron el traslado y han instado a otros zoológicos como el de Los Ángeles a reconsiderar la exhibición de paquidermos. Allí, dos elefantes llamados Billy y Tina viven aislados en recintos donde muestran movimientos estereotipados. Billy ha sido observado tratando de alcanzar plantas cercanas para alimentarse, mientras que Tina sufre artritis y dolores articulares debido a su permanencia sobre superficies duras y a la falta de espacio. Billy lleva casi 40 años en el zoo, y Tina llegó hace quince años, tras tres décadas en un circo.

Por su parte, el zoo de Oakland reconoció que ni siquiera su amplio recinto de 2’5 hectáreas satisfacía las necesidades de los elefantes. «Actualmente, no podemos proporcionar el cuidado y el espacio óptimos para manadas multigeneracionales que satisfagan las necesidades sociales y de bienestar que requieren los elefantes», señalaba. Se trata del segundo zoológico estadounidense que admite esta realidad, tras el de Detroit, que en 2004 trasladó a sus dos únicos elefantes, Winky y Wanda, a un refugio, lo que incluso llevó al centro a ser sancionado y desacreditado por la Asociación de Zoos y Acuarios (AZA). A día de hoy, estos dos y otros 39 zoos estadounidenses se han comprometido a cerrar su exhibición de elefantes.

Según In Defense of Animals, incluso los recintos más extensos de los zoos cubren menos del 1% del área de distribución natural de los elefantes. «Los elefantes necesitan amplios paisajes para deambular, buscar alimento, explorar nuevos territorios y encontrar lugares donde refugiarse de los conflictos o cuando no quieren compañía. Estas actividades son vitales para su salud mental y física«, explica Courtne Scott, de In Defense of Animals. La falta de espacios de este tipo provoca consecuencias en los elefantes cautivos en zoológicos, como un envejecimiento prematuro.

Los expertos también han mostrado preocupación por la incapacidad de los zoos para atender las complejas necesidades de los elefantes, lo que pusieron de manifiesto los investigadores Rob Atkinson y Keith Lindsay en su estudio Expansive, diverse habitats are vital to the welfare of elephants in captivity.

Un peligro para la seguridad

La explotación y la tenencia en cautividad de elefantes no solo tiene consecuencias nefastas para los paquidermos, sino que también pone en peligro la seguridad de las personas. Recientemente, una turista vallisoletana de 22 años que se encontraba pasando sus vacaciones en Tailandia murió atacada por un elefante mientras participaba en una actividad consistente en bañar a estos animales. El animal le clavó uno de sus colmillos cuando la joven pasó por delante de él.

Los hechos se produjeron en el Koh Yao Elephant Care, un centro con ánimo de lucro que vende actividades con elefantes para turistas con la excusa de sufragar los gastos para el cuidado de los animales. En los últimos 12 años, han tenido lugar 240 ataques mortales protagonizados por elefantes solo en Tailandia, tanto en centros como este como en la naturaleza, donde los paquidermos se ven obligados a convivir con los humanos debido a la pérdida de su hábitat.

Los elefantes son explotados en la industria turística tailandesa de muy diversas maneras, algo que se intensificó a partir de los años 90, tras la prohibición del uso de elefantes en la extracción de madera en 1989. Desde entonces, quienes antes los explotaban para este fin pasaron a exhibirlos, primeo en las calles y después en centros privados, que en muchos casos se presentan como santuarios. Algunos de ellos venden los baños de elefantes como una supuesta «alternativa ética» a los paseos con estos animales, cada vez peor vistos, tal como explica FAADA. No existe ninguna normativa en el país que regule estos centros.

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