El animal fue separado de su familia en Sri Lanka cuando era una cría
La elefanta Lucy ha pasado los últimos 48 años en cautividad en el zoológico Edmonton Valley de Canadá, lejos de su hogar en Sri Lanka. Lucy ha soportado décadas de privación de libertad, abusos, explotación y abandono. Su historia ha servido de inspiración para el documental Lucy: The Stolen Lives of Elephants (Lucy: las vidas robadas de los elefantes), que expone el sufrimiento de estos animales complejos e inteligentes cuando son utilizados para el ocio humano.
Lucy fue separada de su familia en Sri Lanka cuando era una cría, después fue vendida al zoo Edmonton Valley, donde ha permanecido desde entonces. «Perder a su familia fue probablemente una experiencia traumática y aterradora para la cría, pero no fue más que el principio de una vida de sufrimiento», explica la organización en defensa de los animales PETA. «Los elefantes asiáticos mantienen vínculos afectivos muy estrechos con sus familias y viven en complejos grupos sociales dirigidos por matriarcas. Las elefantas madre son ferozmente protectoras y cariñosas, y se unen para criar a las crías de la manada. Estos animales altamente sociables lloran la pérdida de sus seres queridos, establecen amistades para toda la vida y se consuelan mutuamente en momentos de estrés», agregan.
Lejos de las selvas tropicales de Sri Lanka, Lucy ha pasado prácticamente toda su vida en un pequeño recinto estéril. La cautividad la ha llevado a padecer artrosis, obesidad, dolencias crónicas en las piernas y problemas respiratorios, todo ello en el frío clima canadiense, inadecuado para un animal de su especie.
El zoo Edmonton Valley fue denunciado en 2010 por incumplimiento de la Ley de Protección Animal de Alberta. La demanda argumentaba que el centro no proporcionaba los cuidados adecuados a Lucy y que su salud seguiría empeorando si no era trasladada a un santuario adecuado para ella. El tribunal desestimó el caso, pero los activistas han seguido presionando para su traslado a un santuario.
Mientras tanto, su estado empeora cada vez más. El zoo alega que el deterioro de su salud no permitirá llevarla a otro lugar. Sin embargo, PETA y otros activistas insisten en que un santuario podría proporcionarle mejoras para su salud, un ambiente adecuado, hectáreas verdes donde moverse con árboles que explorar, así como la oportunidad de relacionarse con otros elefantes asiáticos.


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