Tampoco podrán criarse estos cetáceos en cautividad
México acaba de prohibir los espectáculos con delfines y otros mamíferos marinos, un hito para la protección animal en Latinoamérica, si bien los centros con permisos vigentes podrán seguir explotando a estos cetáceos hasta su fallecimiento. La medida, dentro de una reforma a la Ley General de Vida Silvestre («Ley Mincho»), ha contado con el respaldo tanto del Senado como de la Cámara de Diputados.
También se prohíbe el uso de delfines en terapias, investigación, otros tipos de entretenimiento y cualquier actividad ajena a la conservación, así como la reproducción en cautividad de estos animales. Los individuos nacidos de manera fortuita no podrán ser utilizados en exhibiciones o con fines comerciales.
Por otro lado, los delfines que actualmente existen en los delfinarios del país deberán permanecer bajo supervisión en condiciones que garanticen su bienestar hasta su muerte. Los centros estarán obligados a trasladarlos a corrales marinos, únicamente si es geográficamente viable, aunque no se han establecido condiciones claras de bienestar de estos corrales. En caso contrario, los cetáceos permanecerán en piscinas de cemento siempre que reciban intercambio de agua con el medio natural, y podrán ser utilizados en interacciones o nados con delfines, evitando el contacto con los ojos, espiráculo y genitales. Tampoco se permitirá montarlos ni actividades en los que empujan a personas (foot push), pero sí seguirán permitidas las visitas de turistas.
Esta decisión histórica se produce solo unas semanas después de la suspensión definitiva de los espectáculos con delfines en el Hotel Barceló de la Riviera Maya.
Expertos y activistas han advertido durante años de las consecuencias del cautiverio para los cetáceos. El informe de World Animal Protection «El sufrimiento detrás de la sonrisa» reveló que más de 300 delfines estaban siendo explotados en México, muchos de ellos nacidos en cautividad, condenados al encierro y a realizar espectáculos antinaturales para entretener.
El cautiverio provoca estrés crónico en estos animales, alteraciones de comportamiento y enfermedades relacionadas con las condiciones artificiales en las que viven en piscinas, fuera de su hábitat natural.
Para World Animal Protection, la medida aprobada por el Congreso de México «representa una respuesta concreta y necesaria a estas evidencias y denuncias. También refleja la presión creciente de la sociedad civil, la comunidad científica y múltiples organizaciones para poner fin a la explotación de la fauna silvestre en nombre del entretenimiento».
La organización insta a otros gobiernos del mundo a seguir el ejemplo de México. «Es hora de que esta sea la última generación de delfines cautivos para el entretenimiento», señalan. Ahora los activistas piden a las autoridades mexicanas que supervisen de manera activa el estado de los delfines que permanecen cautivos.
México se ha unido, tras esta decisión histórica, a Costa Rica y Chile, que también han prohibido los espectáculos con delfines y otros cetáceos.
World Animal Protection hace un llamamiento al turismo responsable: «Admirar a los animales en su propio hábitat natural es la forma más respetuosa y enriquecedora de interactuar con la vida silvestre».


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