España y Portugal han creado un sistema de seguimiento para conocer la situación de la especie
Las poblaciones de conejos de monte han descendido un 90% en la Península ibérica en los últimos años, a pesar de las continuas quejas de agricultores y cazadores que los acusan de «sobrepoblación». Se trata de una especie esencial en los ecosistemas mediterráneos, y su existencia es clave para la de otras especies, ya que es la presa principal de animales como el lince ibérico o el águila imperial, entre muchos otros.
Desde la década de 1950, estos conejos se han visto afectados por enfermedades como la mixomatosis o la neumonía hemorrágica vírica (NHV). A ello se une su sobreexplotación cinegética y la pérdida de sus hábitats por la agricultura intensiva, lo que ha dado lugar a numerosos conflictos con quienes se dedican a esta actividad, que acusan a los animales de ocasionar daños en los cultivos.
A pesar de que estos herbívoros pueden criar hasta seis veces al año, esto no ha impedido el declive de sus poblaciones. En 2018, la especie fue catalogada en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Recientemente, España y Portugal han creado un sistema de seguimiento pionero para recabar información sobre la situación del conejo de monte en la Península Ibérica, un paso que han aplaudido organizaciones como WWF, que señalan que actualmente no disponemos de información suficiente sobre el estado de las poblaciones de esta especie.


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