Los animales son capturados en libertad y permanecen encadenados cuando no son obligados a trabajar
Varias investigaciones de la organización PETA han revelado la explotación que sufren algunos primates en la producción de cocos en Tailandia. La primera vez que la entidad indagó en esto fue en 2019, y tiempo después las empresas tailandesas y el propio Gobierno del país aseguraron que no existía explotación animal en sus cultivos. Sin embargo, otra investigación concluida en 2022 demostró que esto no era cierto.
La leche de coco se ha popularizado en los últimos años en muchos países occidentales como una de las alternativas vegetales a los lácteos, así como el aceite de coco para el cuidado de la piel o el pelo. Sin embargo, algunas marcas han estado vendiendo productos relacionados con el trabajo forzado de monos cautivos en Tailandia, el décimo país en cuanto a producción de cocos del mundo. Tras las investigaciones de PETA, algunas de esas marcas dejaron de proveerse de cocos tailandeses.
Los primates, casi siempre macacos, son capturados ilegalmente cuando son muy jóvenes, y son obligados a recoger los cocos de los árboles. Cuando no están realizando este cometido, se mantienen encadenados sin interacción social ni un espacio adecuado para descansar. Las investigaciones han descubierto que a algunos se les cortan los dientes caninos para evitar que muerdan a los humanos. Además, cuando están en los árboles pueden ser picados por insectos, y algunas de estas picaduras resultan mortales para ellos.
Antes de llegar a los cocoteros, los primates pasan por adiestradores que los entrenan a base de golpes y maltrato para después venderlos a los productores de cocos.
Se estima que en 2021 se utilizaba a unos 3000 primates en la recogida de cocos. La mitad de ellos habrían muerto por culpa de esta actividad, y el mismo porcentaje de monos habrían sido capturados en libertad, mientras que el otro 50% habrían sido criados en cautividad.
Según PETA, «es imposible garantizar que cualquier leche de coco producida en Tailandia no haya utilizado trabajo forzado de monos». La falta de supervisión en la cadena de suministro y la falta de credibilidad de los recolectores hace aún más complicada la tarea de averiguar si los productos tailandeses están o no exentos de explotación animal.
Por ello, PETA insta a boicotear todos los productos derivados del coco procedentes de Tailandia, ya sean cocos enteros, aceite coco, copos, coco rallado o leche de coco; y sustituirlos por otros procedentes de países como la República Dominicana, La India, Indonesia, Filipinas, Malasia o Vietnam.
Tradicionalmente, los cocos eran recogidos por humanos que trepaban a los árboles con cuerdas. Los recolectaban de uno en uno y los dejaban caer en cestas o al suelo. Actualmente, existen herramientas y tecnología que facilitan la tarea sin necesidad de trepar los árboles. También existen cocoteros más bajos cuya recolección es más sencilla y segura. En países como Sri Lanka, esta tarea se sigue haciendo de la manera tradicional.
Fuente: Plant Based News.


Deja un comentario