PETA denuncia abusos reiterados en un centro de experimentación animal estadounidense

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El laboratorio suma continuas negligencias

La organización PETA ha denunciado los abusos cometidos en los laboratorios de experimentación animal de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Estados Unidos), como las recientes muertes de un perro y un conejo y repetidos incidentes en otras instituciones financiadas por los Institutos Nacionales de Salud (NIH), a los que acusa de «cómplices». PETA ha pedido a las autoridades del Departamento de Salud que investigue los hechos.

El el caso del perro, el animal murió a causa de un paro cardíaco provocado por una inyección inadecuada de cloruro de potasio. El NIH abrió una investigación, pero acabó cerrando el caso.

Por otro lado, PETA denuncia que los investigadores de la Universidad de Johns Hopkins sometieron a un conejo a un procedimiento de implantación de un tumor que dejó al animal demacrado, y no documentaron los indicadores básicos de sufrimiento ni le proporcionaron atención veterinaria de seguimiento. Cuando el personal se dio cuenta de que el conejo estaba enfermo, se le puso una inyección letal. Tras una denuncia de PETA, el NIH abrió una investigación, pero nuevamente terminó cerrando el caso.

La organización en defensa de los animales también han denunciado la situación de una mona con sobrepeso y alopecia que vive encerrada en una jaula sin que el laboratorio tenga intención de proporcionarle un tratamiento. «Los experimentadores se limitan a dejarla sufrir en una jaula estéril con su cría«, señalan.

PETA, además, alude a otras violaciones de las directrices de bienestar animal federales, como en estudios sobre el cerebro de los búhos, y explica que las autoridades han llamado la atención al laboratorio por no administrar analgésicos a los animales, utilizar medicamentos caducados, no informar de la rotura de huesos de animales o no mantener las zonas estériles.

Según PETA, los NIH financian con casi 20000 millones de dólares los laboratorios de experimentación animal, y son los encargados de vigilar lo que pasa dentro de sus instalaciones. «Su fracaso es profundamente preocupante y permite a instituciones como Johns Jopkins continuar poniendo en peligro a los animales con impunidad a costa de los contribuyentes», apuntan.

No es la primera vez que salen a la luz casos de este tipo en universidades estadounidenses. Entre 2020 y 2023, las de California-Los Ángeles, Pittsburgh y Wisconsin-Madison fueron acusadas de haber provocado la muerte dolorosa de innumerables animales. A algunos ratones se les privó de comida y agua en la Universidad de Pittsburgh, mientras que en la de California varios roedores fueron eutanasiados indebidamente y colocados con animales muertos en congeladores.

PETA también ha denunciado infracciones en clínicas como la de Cleveland o en el Centro Nacional de Investigación de Primates en Washington.

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