El siguiente paso lógico es la conversión del palomar real donde se crían estas aves para carreras en un santuario
El rey Carlos III ha negado el patrocinio real al National Flying Club y a la Royal Pigeon Racing Association, dos entidades que promueven el uso de las palomas en competiciones, como carreras en las que son soltadas lejos de su hogar, en países extranjeros y entornos desconocidos, obligándolas a seguir su instinto natural de regresar con sus familias y sus crías a través de miles de kilómetros. Un trayecto en el que muchas mueren en tormentas, por choques contra edificios o tendidos eléctricos o ahogadas mientras sobrevuelan grandes masas de agua sin zonas de descanso, agotadas y desorientadas. Además, acostumbradas a ser alimentadas por humanos, estas aves pueden morir de hambre y deshidratación.
Ahora organizaciones como PETA, tras numerosos llamamientos pidiendo a la monarquía que deje de patrocinar competiciones con palomas, esperan que el rey dé un paso más y convierta el palomar real en el que se crían a esas aves para carreras en un santuario que podría ayudar a rehabilitar a las que han sido explotadas para este fin o han resultado heridas.
Una de las carreras a las que se somete a las palomas utilizadas en competiciones tiene un recorrido desde Francia hasta Inglaterra y obliga a las aves a cruzar el Canal de la Mancha, conocido en el sector como «el cementerio» por las numerosas aves que mueren atravesándolo.
Las que consiguen regresar con vida a Inglaterra son sacrificadas cuando dejan de considerarse válidas para las competiciones.


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