La destrucción del hábitat y el tráfico ilegal son las principales amenazas para estos animales
La población mundial de elefantes ha descendido de unos doce millones a tan solo 400000 individuos en el último siglo. Las tres únicas especies que existen van camino a la extinción, fundamentalmente por la pérdida de hábitats y la caza furtiva ligada al tráfico ilegal de marfil. Esta última es la principal amenaza para los elefantes africanos, mientras que la pérdida de hábitats es el mayor peligro para los asiáticos, que en ocasiones se ven envueltos en conflictos con comunidades locales por esa disminución de su espacio natural.
El elefante de bosque, el de sabana y el indio son las tres especies de elefantes que existen, las dos primeras africanas y la segunda asiática. El elefante de bosque está catalogado como «el peligro crítico de extinción» en la Lista Roja de la UICN (en los últimos 30 años ha desaparecido el 90%), mientras que las otras dos especies están catalogadas como «en peligro» (el elefante de sabana ha experimentado un declive del 60% y quedan menos de 40000 asiáticos, entre los que se encuentran los últimos 1000 de Borneo).
Los elefantes son una especie esencial en sus ecosistemas, ya que crean caminos que funcionan como corredores para otras especies a través de los bosques. Sus pisadas generan microhábitats, pues al llenarse de agua proporcionan un entorno para renacuajos y otros pequeños organismos. Como herbívoros y frugívoros, también destaca su papel como dispensadores de distintas semillas que pasan por su tracto digestivo antes de germinar.
En las selvas del suroeste de Asia, hábitats de los elefantes de este continente, la agricultura y la ganadería son la principal amenaza, unida a la deforestación y la construcción de infraestructuras que destruyen su hábitat y fragmentan su territorio. Estas actividades están dejando a la especie sin espacio, sin sus antiguas rutas migratorias, sin refugio y sin alimento, lo que provoca que cada vez se aproximen más a las comunidades locales y surjan interacciones negativas que dificultan la aceptación por parte de estas de las acciones de conservación.
En África, la persecución de los cazadores es constante. El furtivismo acaba cada año con la vida de más de 20000 elefantes, con el único objetivo de obtener sus colmillos, su piel o su carne, con los que se trafican ilegalmente. Este mercado negro principalmente se dirige a países asiáticos.
El comercio internacional de marfil está prohibido desde 1989 por parte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). La medida provocó una disminución de la caza furtiva, pero esta se ha vuelto a disparar desde 2010, debido al auge del comercio ilegal de marfil en Hong Kong, Tailandia, Estados Unidos y Reino Unido, tal como alerta WWF.
En China, el comercio de marfil ha disminuido desde su prohibición en el país en 2018, asociada a una bajada de los precios.
En Europa, España es la puerta de entrada del marfil comercializado ilegalmente.


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