Este fin de semana ha tenido lugar el Vegan Fest en Terrassa, el festival vegano al aire libre más grande de Europa, cuyo acceso es gratuito. El evento, organizado por la Associació Vegana de Catalunya, ha contado con talleres, charlas, conciertos y otras actividades entre multitud de expositores, empresas, santuarios y otras organizaciones.
A algunas personas veganas, las que no vivimos enfadadas con el mundo, nos habría encantado asistir pero no hemos podido. Quienes residimos en provincias pequeñas no solemos contar con eventos de este tipo, pero sí con ferias de ganado, de quesos y embutidos. Muchas veces, además, somos las únicas veganas de nuestro entorno, así que poder acudir a festivales veganos, más allá de lo que pudiéramos probar o comprar, nos brindaría la oportunidad de unirnos a un círculo de personas afines, porque para poder defender a los animales, también es importante cuidarnos a nosotras mismas y a nuestra salud mental.
Sin embargo, a una parte del movimiento le parecen fatal los festivales veganos. Que si solo son consumismo y postureo, que si no van a conseguir la liberación animal, que si van influencers, que si se habla de cocina y no de animales y bla, bla, bla. Abrir las redes sociales en fechas de festivales o ferias veganas implica que el algoritmo te ponga delante ciertos mensajes de este tipo de veganos muy enfadados.
¿Pero esos veganos tan enfadados van a conseguir la liberación animal criticando un festival tras la pantalla de su smartphone? ¿Van a conseguir la liberación animal echando pestes de los creadores de contenido que muestran recetas y escriben libros de cocina? ¿Van a conseguir la liberación animal enfadándose con las empresas veganas que venden sus productos en supermercados y no en herbolarios? A estas personas el avance del veganismo les ha sentado muy mal. Pareciera que no han superado el año 2000 o esa etapa inicial de vegano frustrado, un momento por el que todas las veganas hemos pasado, pero algunas lo hemos superado.
También pareciera que prefieren que los espacios para este tipo de eventos queden reservados a esas ferias de ganado, de queso y embutidos. Si dejara de haber festivales veganos, estas personas se alegrarían, como se alegrarían los vendedores que quesos y embutidos. ¿Qué es lo que está mal en una persona vegana para frustrarse cuando el veganismo llega a estos espacios?
Ah, que todas las personas que van a festivales veganos no son veganas, que algunas son ecologistas y otras simplemente pasaban por ahí. ¿Y? Una vez más, ¿queremos que las hamburguesas vegetales vuelvan a confinarse en las estanterías de los herbolarios? ¿O queremos que estos productos lleguen cada vez a más gente? ¿Queremos que las personas omnívoras cambien su percepción sobre la alimentación vegetariana y empiecen a sustituir ciertos alimentos de origen animal o preferimos que sigan considerándola «asquerosa» y comprando hamburguesas de pollo?
Consumo
Vale. Ya sabemos que el veganismo no es dieta y que una persona que cambia los alimentos de origen animal por vegetales no tiene necesariamente que ser vegana si no lo hace por cuestiones éticas. La teoría nos la sabemos todas. Por eso, sabemos que el veganismo es excluir de nuestro consumo (sí, consumo, para quienes critican los festivales veganos por el consumismo) todos los productos de origen animal, ya sean comida, ropa, cosmética o entradas a zoos, y no por empatía hacia los animales (no hace falta que sientas empatía por una gallina, un delfín o un pingüino si en tu vida has interactuado con ninguno y no tienes ni idea de cómo son), sino por respeto y por su condición de seres sintientes.
Volviendo al tema del consumo, ¿cómo no va a centrarse un festival vegano en el consumo si este forma parte de la propia definición del veganismo? Por supuesto, el movimiento no se entiende sin las consideraciones morales acerca de los otros animales, que por mucho que haya quienes se enfoquen en negarlo, también están presentes en los festivales veganos. Por eso suelen organizar charlas, mesas redondas y debates sobre estas cuestiones. Además, nunca faltan entre los expositores santuarios y asociaciones que son los principales encargados de llevar la teoría a la práctica. Y por cierto, estos eventos, como estas entidades reconocen, son una oportunidad enorme para darles visibilidad. De eso no suelen hablar mucho los veganos frustrados de las redes sociales.
Y ese es el consumo que queremos fomentar: el que deja a los animales fuera de nuestros platos, de nuestros armarios, de nuestra rutina de higiene, de nuestros planes de ocio, y los sustituye por alternativas éticas, entre las que por supuesto se encuentra el apoyo a los santuarios y otras entidades de protección animal.
Dentro de ese consumo vegano, lo que más ve el resto de la sociedad es la comida, pues esta forma parte de nuestras reuniones sociales, de nuestro tiempo de descanso en el trabajo, de las festividades más importantes, del tiempo de ocio con amigas… Los demás no tienen porqué saber que ese día te has maquillado con un pintalabios cruelty free, que tu chaqueta es de cuero sintético o que estás leyendo a Peter Singer; pero si eres una persona vegana, tarde o temprano se van a dar cuenta, aunque no lo digas. Por eso es tan importante que la alimentación cien por cien vegetariana conquiste cada vez más espacios.
Los propios teóricos del veganismo a los que tanto aluden los veganos enfadados con el mundo hablaban de comida una y otra vez. Seguramente, si vivieran hoy en día seguirían a todos esos creadores de contenido cuyas publicaciones se basan en recetas de estética cuidada y que presentan el veganismo de una forma agradable. Nos guste o no, esto llega a muchas más personas que las continuas imágenes de vacas degolladas que publica el vegano frustrado de turno. Puede que esto sea los que les molesta. ¿Será cuestión de seguidores?
Y sí, sigue siendo necesario mostrar la crueldad inherente a la ganadería, los mataderos y la explotación animal en general. Para ello, siguen haciéndose documentales e investigaciones impulsadas, además, por organizaciones que… No te lo vas a creer, van a festivales veganos y de vez en cuando venden algún que otro libro de recetas.


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