Día Mundial del Rinoceronte: desmontando la supuesta labor de conservación de los zoos

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Los zoológicos no pueden satisfacer las necesidades de los animales salvajes ni contribuyen a la preservación de las especies en el medio natural

Este 22 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Rinoceronte, una especie gravemente amenazada en su hábitat natural, fundamentalmente por la caza furtiva y el tráfico ilegal, pero bastante frecuente en zoológicos de todo el mundo, como el Bioparc de Valencia, que se presenta como un centro que contribuye a la preservación de la especie «participando en el programa europeo de conservación (EEP) del rinoceronte blanco sureño y desde la Fundación Bioparc en la protección de estos emblemáticos animales en sus hábitats».

Sin embargo, en los zoos los animales pasan su vida condenados a la cautividad, lo que no tiene ningún efecto positivo en el ecosistema. Con su presentación, el Bioparc «intenta alejarse del concepto tradicional de zoológico porque carece de jaulas y colabora con presuntos proyectos conservacionistas. Sin embargo, la realidad, tozuda, nos enseña que no hay ninguna manera humanitaria de mantener animales en cautividad y que no todas las cárceles tienen barrotes», expresa la bióloga Rosa Más.

El rinoceronte blanco sureño tiene su hábitat natural lejos de zoológicos como el Bioparc, en las sabanas africanas, donde se alimentan de las especies herbáceas que allí crecen. Estos entornos «se acompañan de árboles dispersos, que proporcionan sombra para descansar, y de balsas de agua, pues son animales coquetos que gustan de disfrutar de baños de barro para mantener su piel en óptimas condiciones», explica la bióloga.

Estos animales necesitan «terrenos llanos, cubiertos de arbustos y pastos; además, establecen relaciones de simbiosis con otros animales habituales de la sabana como garcillas bueyeras, picabueyes piquirrojos y estorninos de El Cabo, que obtienen alimento en la piel de los rinocerontes y a su vez, los despojan de molestos insectos».

Además, su vida social es compleja: «Varias hembras y su progenie pueden conformar grupos temporales, mientras que los machos son solitarios y territoriales, cada uno dominando una gran extensión de terreno», indica Más. En época de celo, los machos se acercan a las hembras para aparearse y si el cortejo tiene éxito, 16 meses después nacerá su cría, «que a la hora de vida es capaz de mantener el equilibrio y seguir a su madre, con la que permanecerá hasta los tres años de edad, y tendrán que pasar cuatro años desde el primer nacimiento para que la hembra tenga a su segunda cría, lo que provoca que la tasa de natalidad de esta especie sea relativamente baja«, agrega.

Por todo ello, los zoológicos como el Bioparc no son entornos adecuados para que estos animales desarrollen su comportamiento natural: «Un escenario de cartón piedra, algunas palmeras y un estanque no pueden sustituir la inmensidad de la sabana africana, ni tampoco van a poder interaccionar con las otras especies que les suelen acompañar», señala Rosa Más. El zoo tampoco cuenta con programas de recuperación con fines de repoblación, sino «para obtener más individuos que repartir a otros zoos».

La verdadera labor de conservación del rinoceronte blanco sureño la están encabezando asociaciones que «están logrando mantener, e incluso incrementar sus poblaciones, luchando contra la caza y el tráfico de especies, que son las principales causas de la desaparición de este y otros animales codiciados como trofeos», recuerda la bióloga. «Los zoos justifican su existencia por una falsa conservación de especies, sin tener en cuenta el valor de la vida de cada animal ni el hecho de que lo que necesitamos conservar es el medio natural, el hogar de todos los animales, los humanos y los no humanos».

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