La imagen de un ganadero negando la crisis climática cada vez es menos frecuente. A día de hoy, el sector ha podido comprobar este grave problema al que se enfrenta toda la humanidad y al que a su vez, ha contribuido enormemente la ganadería. Una de las consecuencias de la crisis climática es la escasez de lluvias y la consiguiente sequía. ¿Cómo iba a seguir negando la crisis climática un sector que derrocha agua a raudales?
Este verano, ya hemos oído hablar de gimnasios sin duchas y de restricciones para llenar piscinas privadas, para lavar vehículos, e incluso para regar huertos en algunos municipios. Como individuos, debemos hacer un uso responsable del agua, pero las diferentes industrias también tienen esta responsabilidad, y la ganadería no escapa a ella. Lejos de eso, las asociaciones de ganaderos llevan años pidiendo a las administraciones que abastezcan de agua a las explotaciones y amenazan con lo de siempre: la población no tendrá nada que comer.
Para la actividad ganadera, el agua es un recurso fundamental. Esta no solo sirve para dar de beber a los animales, sino que también es necesaria para el crecimiento de los cultivos que los alimentan, que además, suelen ser plantas con un enorme requerimiento de riego. Así, el problema se puede multiplicar por los millones de animales criados en granjas que beben y comen y por las millones de hectáreas ocupadas con monocultivos para alimentarlos. Millones de hectáreas que antes estaban ocupadas por bosques que retenían la humedad del agua. Una vez más, la industria ganadera como causante de un problema que pretende que las administraciones le solucionen para seguir agrandándolo.
Por si esto no fuera todo, la ganadería no solo malgasta litros de agua que también pueden medirse por millones, sino que en muchos casos contamina las aguas destinadas a consumo humano a través de purines o de los productos químicos utilizados en los cultivos que alimentan a los animales. Pero con aquello de que «nos dan de comer», cualquier problema es ínfimamente menor a los de su actividad, según su argumentación, claro.
Además, cuando se trata este asunto en medios de comunicación, los ganaderos suelen recurrir a la idea de animales muertos de sed para que la sociedad entienda la gravedad del problema y le parezca razonable que se garantice el abastecimiento de agua para esta actividad. Por supuesto, no nos gusta que los animales mueran de sed ni de hambre, pero no nos gusta por su condición de individuos sintientes. A los ganaderos, sin embargo, no les gusta que los animales mueran de sed porque ello acabaría con su negocio, porque cada animal que mantienen vivo les repercute en un beneficio económico y porque prefieren ser ellos quienes deciden cuando muere un animal (casi siempre en un matadero). Si lo que te importan son los animales y no el negocio, estarás de acuerdo en que lo mejor que podemos hacer por ellos es dejar de criarlos para explotarlos, no ponérselo aún más fácil a quienes los explotan.
Sabemos que la ganadería y la agricultura destinada a los animales mal llamados «ganado» son una sola actividad terriblemente derrochadora con los recursos, en este caso, el agua. ¿Por qué seguir permitiéndolo? ¿No se suponía que teníamos que tomar medidas contra la emergencia climática? Desde luego, ninguna acción que ayude al sector ganadero a mantenerse será en beneficio del medio ambiente, y mucho menos, de los animales. De hecho, y volvemos a lo mismo, abastecer a las explotaciones de agua es aumentar el problema. Es decir no al agua en otros ámbitos donde realmente es necesaria, porque los productos de origen animal no lo son. Probablemente, si todo el agua que utiliza la ganadería fuera destinada a la agricultura para consumo humano, sobraría.
Hay países en los que las sequías son mucho más graves que en España, y van ligadas a hambrunas, y cada vez más, a migraciones. ¿Y nosotros despilfarrando incontables litros en una actividad que perjudica a los animales, al medio ambiente y a nuestra salud?
La última en quejarse ha sido una organización agraria en Málaga, que reclama a la Junta de Andalucía abastecimiento para nada menos que un millar de explotaciones, y encima, del bolsillo de todos los andaluces, pero como los ganaderos «nos dan de comer»…
La misma entidad lamentaba la ralentización de la ayuda por parte de la administración autonómica, sobre lo que uno de sus representantes ha comentado que «los animales no pueden esperar papeleos interminables cuando están muertos de sed porque no cae ni gota». ¡¿Cómo?! ¿Nos están diciendo que esos animales solo beben agua si llueve? ¿Y a quienes escuchan este mensaje les parece normal? ¿Nos están diciendo que son capaces de instalar sofisticados sistemas de regadío pero no pueden mantener un recipiente con agua para los animales, una charca o una balsa si no parte de las administraciones? Ah no, las balsas mejor para el riego, que los animales salvajes que se ahogan no proporcionan ningún beneficio económico y por tanto, dan igual. Ese es su razonamiento, inexplicablemente lógico ante la opinión de demasiadas personas.


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