Yucatán: territorio maya invadido por cientos de macrogranjas porcinas

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La población indígena convive con malos olores, agua contaminada y enfermedades

Cientos de macrogranjas porcinas han invadido la Península de Yucatán (México) en los últimos 20 años, en muchas ocasiones a costa de arrasar árboles centenarios en hectáreas de selva tropical, la segunda más grande del continente americano, tras la Amazonia. Estas explotaciones han dado lugar a vertidos, malos olores y afecciones para la salud de las personas que han derivado en continuas protestas por parte de los habitantes locales, en gran medida comunidades indígenas.

Actualmente, existen unas 800 macrogranjas porcinas en Yucatán, y se estima que más del 90% operan sin ningún tipo de permiso ambiental. En algunas aldeas mayas, se cuentan hasta 100 cerdos por cada residente. La falta de regulación permite a los promotores de estas explotaciones actuar con total libertad.

Una macrogranja porcina puede albergar hasta a 50000 cerdos hacinados en pequeños corrales. Aunque no salgan al exterior, sus excrementos y orina se filtran por debajo de sus recintos, con la consiguiente contaminación. Estos desechos van acompañados de altas concentraciones de nitrógeno, fósforo, antibióticos y tratamientos hormonales que a menudo reciben los animales y que acaban en los cursos de agua que después abastece a las viviendas. El impacto es triple: para los animales, para el medio ambiente y para la salud de las personas.

La población indígena también ha visto ocupado su entorno por estas macrogranjas, para cuya construcción no se realizan consultas previas a los habitantes locales. Tampoco se expiden permisos de cambio de uso del suelo. Este es el caso del municipio maya de Sitilpech, que desde 2017 convive con los malos olores y la contaminación de una macrogranja de cerdos que obliga a sus habitantes a filtrar el agua para poder consumirla. La explotación también ha causado estragos en la agricultura local, ya que afectado al crecimiento de los alimentos cultivados y a su calidad por esa contaminación excesiva. Al problema del agua se suma el de las sequías, que ahora son más impactantes al haber desaparecido miles de árboles que retenían la humedad del suelo.

La situación ha derivado en continuas protestas en los últimos años, a las que hasta ahora se ha hecho caso omiso, y que incluso han llegado a contar con una violenta represión policial.

Algunas comunidades indígenas han iniciado procedimientos judiciales contra el principal productor de carne de cerdo de Yucatán, Kekén. La instalación de estas explotaciones ganaderas recuerda a estas poblaciones indígenas el colonialismo que llevan siglos arrastrando, unido a la globalización y el capitalismo actual, ya que los cerdos no son una especie nativa en América, sino que fue introducida por los colonos. A día de hoy, la carne de estos animales es la más consumida en todo el mundo, a costa de entornos naturales arrasados y de las poblaciones más vulnerables, siempre en entornos rurales. México es el décimo mayor productor de carne de cerdo a nivel internacional.

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