La cigüeña, ave terrestre más afectada por la ingesta masiva de microplásticos

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Un estudio ha analizado los tractos digestivos de 1550 aves

Dos de cada tres cigüeñas blancas son víctimas de la contaminación por microplásticos a través de su ingesta. Así lo revela un estudio publicado en la revista científica Ardeola, de SEO/BirdLife, que ha detectado contenidos plásticos en los tractos digestivos de 1045 cigüeñas de un total de 1550 analizadas mediante necropsia, aunque no fuera esta la causa de la muerte.

Los investigadores analizaron el grado de afección en cada individuo y evaluaron la posible variación de la incidencia entre grupos edad, sexo, en diferentes sustratos de alimentación, según la época del año y conociendo el motivo de la muerte de cada animal.

De las 1045 aves, 342 tenían contaminantes sólidos en su tracto digestivo, y en 142 casos se observaron dos o más categorías de contaminantes sólidos en el mismo animal, sobre todo gomas elásticas y silicona.

Los resultados muestran el peligro que supone el abandono de residuos contaminantes en el campo, así como las consecuencias para las aves de su exposición en vertederos al aire libre.

Las necropsias fueron realizadas entre 1997 y 2019 en individuos procedentes del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de La Alfranca (CRFSA), en Zaragoza.

Los autores no hallaron diferencias en cuanto a la proporción de contaminantes sólidos en el aparato digestivo según edad y sexo, pero sí en cuanto a cantidad. En este sentido, un 8% de los pollos de nido presentaban altos volúmenes de goma en la molleja, frente a un 3’3% de los adultos.

Los autores, además, encontraron una clara asociación entre la presencia de estos contaminantes en el aparato digestivo de las cigüeñas y su búsqueda de alimento en vertederos, y relacionaron esto con la ingesta masiva de gomas abandonadas en campos de cultivo.

Pero la presencia de plásticos y siliconas no se limita a las aves en vertederos. Un 24% de las cigüeñas cuya ingesta era compatible con alimentación en campos de cultivo y la misma proporción de las que habían comido en zonas húmedas poseían gomas en la molleja. Un 2’4% de las primeras, además, en cantidades altas. «No es para nada infrecuente hallar en campos de agricultura intensiva gomas desechadas, que pueden alcanzar grandes densidades en determinadas épocas», apunta Chabier González, autor principal del estudio y técnico del CRFSA. Estas gomas responden a ciertas prácticas como la fijación de los frutales o la colocación de bolsas para proteger el fruto de los insectos.

Tanto las gomas como las tiras de silicona, los dos materiales localizados con más frecuencia, pueden formar una especie de ovillos que atrapan otros contenidos y dan origen a grandes masas que las aves solo pueden eliminar en forma de egagrópila (bola de restos no digeridos que las aves regurgitan), «la única vía de expulsión posible, ya que al intestino de las cigüeñas solo ingresan materias líquidas o semilíquidas, nunca sólidos, ni siquiera pelo de micromamífero», explica González.

Imitadores de presas

Otros materiales hallados fueron esquirlas de vidrio, fragmentos de bolsas, papel, tela o cerámica, casi siempre en cantidades muy pequeñas.

Los autores también advierten del peligro de otros objetos de caucho que provocan obstrucciones o dificultades digestivas a las aves, como juguetes con forma de presas como ranas, peces o serpientes; sondas urinarias, tetinas de biberón, e incluso jeringas de gomaespuma. «Tienen todos características en común que comparten con otro de los materiales más hallados, la silicona. Todos ellos de forma alargada y consistencia elástica, igual que muchas de las presas habituales de la cigüeña común», sostiene González.

Los investigadores explican que «la necesidad de obtener un balance positivo entre la energía invertida en el golpe de pico y la obtenida de la presa obliga a estas aves a ser poco selectivas«, y por ello confunden tantos residuos con alimentos, al verse obligadas a «seleccionar a través de la vista la presa y tantear rápidamente su consistencia con el pico antes de tragarla». Este método «funcionaba muy bien cuando todo lo alargado y elástico o depresible que podía haber en el campo eran lombrices, serpientes, etc. Pero nuestra falta de concienciación y las deficiencias en la recogida selectiva de residuos han convertido esta táctica en muy peligrosa para la especie», lamenta González.

También se hallaron en algunos intestinos cuerdas de embutido con grapas de aluminio, que probablemente las aves ingirieron cuando todavía estaban unidas a restos cárnicos.

Esto también sucede con las varillas de bambú afiladas para pinchos de carne, que las aves pueden tragarse junto a restos de esta. Las varillas perforan el tracto digestivo y causan septicemias, una respuesta orgánica a una infección. En uno de los casos, habían causado una lesión medular. Pese a que el bambú no se considera un material contaminante, algunos usos pueden ocasionar daños inesperados, tal como señalan los autores.

El daño que provocan los plásticos en animales de muy diferentes especies es de sobra conocido y ha ocupado titulares en los medios de comunicación durante años. Se ha descubierto cómo estos materiales afectan gravemente a cetáceos, tortugas marinas o aves acuáticas, pero no se ha prestado tanta atención a su impacto en aves terrestres.

En los últimos 25 años, el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de La Alfranca ha podido comprobar que la cigüeña blanca es la especie que con más frecuencia ingiere plásticos y la única en que la ingesta es masiva.

Los investigadores reclaman una mejor gestión de los vertederos y de las prácticas agrícolas, así como una mayor concienciación sobre este problema.

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