1237 nuevas explotaciones intensivas se han instalado en nuestro país en la última década
España es el país con mayor expansión de las macrogranjas en la Unión Europea. En los últimos diez años, se han instalado 1237 nuevas explotaciones de este tipo, de las aproximadamente 3000 que han iniciado su actividad en este período en el conjunto de los países miembros. Entre 2014 y 2023, se concedieron permisos para 1385 granjas industriales en nuestro país, la cifra más alta de la Unión Europea. 186 de estos permisos fueron para explotaciones de pollos y gallinas y 1199, para granjas de cerdos. Son datos de una investigación de AGtivist.
España cuenta con 2580 granjas de engorde de cerdos, y 821 de cría, lo que convierte a nuestro país en el primero en cifra de explotaciones industriales de cerdos y en principal productor de esta carne en Europa. España es también el segundo exportador mundial de carne de cerdo, por detrás de Estados Unidos. El sector representa el 85% de las exportaciones cárnicas españolas y el 2’2% del total nacional.
En el sector avícola, es Francia el país que lidera a nivel europeo, con 2342 macrogranjas. Italia también se encuentra entre los cinco primeros puestos en ambos tipos de explotaciones, 2146 en total.
La investigación de AGtivist cartografía por primera vez las granjas industriales de Europa, y define como tal aquellas explotaciones con al menos 40000 aves y 2000 cerdos.
En toda la Unión Europea, existen 22263 granjas industriales de pollos, gallinas y cerdos para la producción de carne y huevos, en las que viven hacinados más de 516 millones de animales. 10862 de estas granjas son de pollos, con al menos 40000 individuos cada una; y 8854 son de cerdos, con al menos 2000 animales cada una (2547 en granjas de cría).
Pese a ello, Eurogroup for Animals denuncia que las autoridades europeas están fomentando un aumento en el número de animales en granjas, con un grave impacto para estos, para la salud humana y para el ambiente, a la vez que lanzan mensajes sobre sostenibilidad. La Comisión Europea ha retrasado casi dos años la revisión de la obsoleta legislación sobre bienestar animal, de más de 20 años de antigüedad. La normativa aspira a exigir espacios mínimos de alojamiento de los animales, más controles sanitarios y el fin de las jaulas.
En los últimos diez años, 2746 macrogranjas han iniciado su actividad en la Unión Europea, y se han concedido 5517 permisos. Según los investigadores, hay granjas «mucho más grandes que los umbrales requeridos para el permiso», con más de 1’4 millones de aves o más de 30000 cerdos.
La cifra de explotaciones agroganaderas se ha reducido en unos cinco millones en los últimos 20 años, y en un 44% en 15 años. Sin embargo, esta disminución no ha bajado el número de animales explotados y la superficie ocupada por esta actividad se mantiene estable: hay menos granjas, pero las que hay son más grandes. Más de la mitad de las tierras agroganaderas de la Unión Europa están gestionadas por explotaciones de más de 100 hectáreas. Estas macrogranjas han crecido un 56% en los últimos 15 años y controlan el 63% de la cabaña ganadera. También España ha registrado un descenso del número de granjas pequeñas en los últimos 15 años, lo que no se ha traducido en un declive de la ganadería.
Las instituciones europeas, además, premian a las grandes explotaciones en ayudas como la PAC, lo que aumenta aún más las diferencias de ingresos entre tipos de explotaciones, que ya se han multiplicado por 60.
Activismo
En numerosos países, organizaciones en defensa de los animales se han encargado de documentar las duras condiciones a las que son sometidos los individuos hacinados en granjas industriales, donde es habitual el canibalismo; animales con heridas, lesiones graves o enfermos sin atención veterinaria, viviendo entre sus propios excrementos, sin ventilación ni acceso al aire libre o a la luz natural; cerdas y aves enjauladas sin apenas espacio para moverse o contenedores repletos de cadáveres de animales.
Eurogroup for Animals, que representa a más de un centenar de organizaciones en defensa de los animales, pide una serie de cambios a nivel europeo, que espera se incluyan en la revisión de la normativa de bienestar animal:
- La eliminación progresiva de las jaulas para todas las especies.
- Requisitos mínimos de espacio.
- La prohibición de la cría de animales de razas de crecimiento rápido.
- La reducción drástica del número de animales por espacio.
- Enriquecimiento y acceso al exterior.
El caso de los broilers
Casi el 90% de los pollos criados en granjas en Europa viven en explotaciones intensivas. La mayoría (95%) pertenece a razas de crecimiento rápido, seleccionadas genéticamente para alcanzar el peso de sacrificio en poco más de un mes de vida. Esta selección genética deriva en problemas de movilidad, cardíacos, metabólicos y estrés.
Los pollos denominados «de engorde», generalmente broilers, viven confinados y hacinados en espacios reducidos y sin luz en granjas industriales. La normativa europea permite alojarlos en densidades de hasta 42 kg/m², a pesar de que expertos advierten de que superar densidades de 11 kg/m² causa graves problemas a estos animales, como dermatitis en las piernas, dificultades para caminar y realizar sus comportamientos naturales, a lo que se suma la acumulación de sus excrementos y la insalubridad propia de estas instalaciones, que favorece la aparición de enfermedades.
Eurogroup for Animals exige a la Comisión Europea que legisle para proteger a estos animales, activos, inteligentes, curiosos, sensibles y sociales por naturaleza, cuyas necesidades físicas y emocionales no se cumplen en ninguna granja. En estas instalaciones, miles de animales viven sin enriquecimiento ambiental y sin libertad de movimiento para explorar o socializar.
Su sufrimiento se prolonga hasta su muerte en los mataderos. Las aves suponen más del 90% de los animales transportados vivos cada año en Europa, muchas veces en largos viajes hasta el matadero. Como método de aturdimiento previo al sacrificio, a muchos pollos se les aplican «baños de agua» con corriente eléctrica, considerados ineficaces y crueles, pues se ha comprobado que hay animales que continúan plenamente conscientes cuando son degollados. Las organizaciones en defensa de los derechos de los animales llevan tiempo pidiendo la prohibición de este método de aturdimiento.


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