Las empresas que deforesten para la realización de su actividad estarán sometidas a menos controles y los bancos podrán financiarlas sin sanciones
Actualización: el presidente veta parcialmente el proyecto de ley
El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha vetado parcialmente el proyecto de Ley de Devastación, tras la oposición pública generada por el impacto negativo de la norma sobre la biodiversidad, las comunidades indígenas y millones de animales. Los vetos todavía deberán revisarse en el Congreso Nacional.
El proyecto de ley se ha sancionado como Ley 15.090/2025. Aunque los cambios introducidos debilitan el texto inicial, todavía quedan importantes lagunas y se sigue priorizando el beneficio económico sobre la protección ambiental. «El texto aún otorga vía libre a la expansión agrícola y ganadera», expresan con preocupación desde World Animal Protection.
Así, se reduce la supervisión de estas actividades de alto impacto ambiental y sobre las comunidades locales y los animales. En concreto, las exenciones afectan a la ganadería extensiva, semi-intensiva e intensiva a pequeña escala. También se dan ciertas licencias a la intensiva a mediana escala.
«Estos cambios abren la puerta a actividades que se sabe que dañan los ecosistemas: desde la fragmentación del hábitat hasta la contaminación del agua. En consecuencia, especies como jaguares, aguará guazú y osos hormigueros, además de guacamayas, tapires y un sinnúmero de otros animales silvestres, se encuentran en inminente peligro, pues su supervivencia depende de que su entorno permanezca intacto», manifiesta World Animal Protection.
La organización también advierte que Brasil «corre el riesgo de alejarse aún más del principio de responsabilidad intergeneracional consagrado en el Artículo 225 de la Constitución Federal del país», al facilitar la expansión ganadera.
ACTUALIZACIÓN: LA CÁMARA DE DIPUTADOS APRUEBA LA LEY DE DEVASTACIÓN
La Cámara de Diputados de Brasil ha aprobado la conocida como Ley de Devastación. El presidente Lula da Silva tendrá la última palabra, pues será quien deberá aprobar o vetar la norma.
El Senado de Brasil ha aprobado un Proyecto de Ley de Devastación, una legislación que representa una amenaza directa para la biodiversidad, los ecosistemas y la salud ambiental. La propuesta, que ha generado discrepancias dentro del propio Gobierno y ha llevado a la sociedad, y particularmente a las mujeres, a salir a las calles como forma de protesta, continúa su tramitación en la Cámara de Diputados, donde tendrá que ser votada.
Organizaciones en defensa de los animales y ecologistas, entre ellas World Animal Protection Brasil, han impulsado una fuerte campaña para impedir que se apruebe esta ley.
Uno de los puntos más polémicos de la ley es que permitirá que las empresas autolicencien sus actividades sin los controles adecuados, lo que aumentará el riesgo de desastres medioambientales como los ya ocurridos en Mariana y Brumadinho. También impedirá que los bancos que financien estas actividades sean castigados por ello.
Si la propuesta finalmente se aprueba, abrirá la puerta a la aceleración de la deforestación en el Amazonas y supondrá la destrucción de hábitats para miles de especies salvajes. A ello se suma el aumento del riesgo de contaminación en ríos y suelos y una mayor probabilidad de aparición de brotes de enfermedades zoonóticas. Por su parte, las comunidades locales, ya vulnerables por la degradación medioambiental, verán reducida su protección.
Los ecosistemas afectados albergan una amplia riqueza de animales salvajes que podrían quedar gravemente amenazados, entre ellos el jaguar, el tapir, el perezoso, el guacamayo, el puma, el guará rojo o el oso hormiguero, entre otros.
La destrucción de estos ecosistemas no solo pone en peligro la supervivencia de estas y otras especies, sino que también contribuye a la pérdida de biodiversidad a nivel global, entre otros impactos que afectan al resto del planeta, como el agravamiento de la crisis climática.
Brasil será este año el país anfitrión de la COP30, una oportunidad para demostrar su liderazgo en materia medioambiental que el Gobierno está dispuesto a perder. El avance en este proyecto de ley «pondría en grave riesgo la credibilidad y los compromisos ambientales del país», manifiesta World Animal Protection. En 2024, el Gobierno brasileño presumía de haber reducido la deforestación, que alcanzó máximos durante el mandato de Jair Bolsonaro. Sin embargo, la presión de los lobbies como el ganadero, muy fuerte en Brasil, sigue afectando directamente a las decisiones de la actual legislatura.
«Esta ley amenaza con acelerar la destrucción de algunos de los ecosistemas más valiosos del mundo. Si no se detiene, provocará un daño irreversible a la biodiversidad, al clima global y aumentará los riesgos para la salud humana. Es esencial que Brasil llegue a la COP30 con un compromiso real hacia la conservación, no con un retroceso ambiental que podría tener consecuencias devastadoras. Pedimos a la Cámara de Diputados que escuche este llamado global y que no avance con esta ley», apunta Tricia Croasdell, CEO de World Animal Protection.


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