Igualdad Animal ha publicado su última investigación en una granja avícola vinculada con la multinacional BRF
Una nueva investigación de Igualdad Animal ha mostrado el sufrimiento de los pavos criados para consumo en Brasil. Las imágenes se tomaron en una granja vinculada a la multinacional BRF, en el estado de Santa Catalina. Esta multinacional es propietaria de las marcas Sadia y Perdigão, líderes en la comercialización de carne de pavo en Brasil.
Es la primera vez que una investigación se ha centrado en la cría de pavos por su carne en el país. La realidad de estos animales está marcada por el confinamiento extremo, la suciedad y la falta de atención veterinaria.
Las imágenes muestran a miles de animales hacinados en una nave, sin acceso al exterior y sin la posibilidad de expresar sus comportamientos naturales. Las aves viven sobre restos vegetales utilizados para absorber sus excrementos. El propio propietario de la granja reconoce en las grabaciones que estos solo se cambian una vez cada dos años, lo que provoca una acumulación insalubre de heces y amoníaco. Todo ello en una instalación sin apenas ventilación.
La exposición continuada a amoníaco provoca dificultades respiratorias e irritación en los ojos, tanto en animales no humanos como en humanos. Los pavos están en continuo contacto con este gas tóxico que les causa quemaduras, heridas abiertas y lesiones dolorosas, visibles en las imágenes.
La investigación se realizó en invierno de 2025. Una de sus escenas más impactantes es la de un pavo con una herida sangrante en el rostro, sin ningún tipo de tratamiento veterinario.
Muerte por enfermedades
Estas aves son, en su naturaleza, sociables, curiosas y capaces de formar vínculos. Pero en las explotaciones ganaderas pasan su vida en entornos monótonos y sin estímulos, espacio ni enriquecimiento ambiental. «La muerte por enfermedades es inherente a este sistema productivo, resultado directo tanto de las condiciones de confinamiento como de la selección genética que fuerza un crecimiento corporal acelerado y antinatural», señala Marina Lemes, doctora en Producción Animal y gerente de proyectos de Igualdad Animal.
Pero «los productores prefieren asumir la pérdida económica que supone la muerte de los animales antes que invertir tiempo y recursos en cuidados veterinarios», agrega.
En su informe de sostenibilidad de 2024, BRF indica que todas sus instalaciones de cría de pavos cuentan con enriquecimiento ambiental. Pero en la granja investigada, «estas medidas son claramente insuficientes y no garantizan un nivel mínimo de bienestar animal», denuncia la organización.


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