¿Hay criadores buenos?

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«Hay criadores buenos«. Es lo que suelen repetir incansablemente los propios criadores, las personas que compran animales o las que están a favor de hacerlo. ¿Pero a qué se refieren cuando afirman que hay criadores buenos?

Ser un buen criador es, según su lógica, cumplir con la legalidad, mantener a los perros, gatos u otros animales en buenas condiciones de espacio e higiene, alimentarlos, no sobreexplotar a las madres, e incluso estimularles física y mentalmente. Lo cierto es que los criadores pueden, si lo desean, jugar con los cachorros, ponerles música, darles la comida de mejor calidad y aportarles todo el enriquecimiento que necesitan. Pero jamás estarán realizando una actividad ética.

Los criaderos, en ocasiones, tienen muy mala prensa: cría ilegal, entrega de cachorros antes de tiempo, procedencia dudosa o falsificación documental están entre las circunstancias que se repiten una y otra vez en torno a la cría de animales. Es innegable que no todos los criadores son así. Pero sí hay algo que tienen en común, y es que todos se lucran de la venta de cachorros, esto es, los tratan como mercancías. Y el lucro está reñido con el cuidado y el bienestar de los animales, al igual que sucede en la ganadería, en los zoológicos o en los circos.

Razas y salud

Organizaciones de veterinarios de muy diversos países han alertado en reiteradas ocasiones de los problemas de salud a los que son propensos los perros y gatos de determinadas razas. Las mismas razas que se crían en los criaderos (en los «buenos» y en los malos): displasia de cadera en pastores alemanes, sordera en dálmatas, braquicefalia en bulldogs o carlinos, miocardiopatías en bóxer y dóberman. Los cachorros de bulldog francés ni siquiera pueden nacer por el procedimiento normal, dado el tamaño de su cabeza, y muchos, por no decir la mayoría, no llegan a la vejez. Los gatos de raza no se salvan de padecer afecciones similares.

fluffy gray cat sitting on soft bed
Omar Ramadan | Pexels

El simple hecho de conocer esta información debería bastar para no criar estas razas. Y no es que los criadores no la conozcan, sino que la ignoran por completo, incluidos los «criadores buenos». Suelen excusarse en que son muy cuidadosos con los individuos que cruzan, pero el problema no es tanto el cruce como la razas en sí mismas. Razas artificiales que nunca habrían surgido en la naturaleza. Los problemas de salud son inevitables.

Pero a los criadores ni siquiera les interesa frenar esos rasgos que ocasionan problemas de salud en los animales. No quieren carlinos sin caras achatadas ni ojos saltones, porque no serían carlinos. Al negocio de la cría le interesa perpetuar los rasgos extremos porque se lucra de la estética. Y lamentablemente, hay personas que valoran una cara plana o una displasia de cadera como un rasgo estético en lugar de como un factor de riesgo.

Adopción

Que la adopción es la alternativa ética es algo que todo el mundo sabe. Pero los perros y gatos en las perreras y protectoras de animales no suelen ser de esos que se consideran «bonitos». Y cuando llega un animal de raza fruto del abandono de quienes un día lo compraron, es realmente penoso cómo surgen oleadas de peticiones de adopción por parte de quienes se dejan llevar por la estética o el capricho.

Luego están las personas que justifican su negativa a adoptar porque las protectoras requieren 100 euros, pero no les importa gastar 600, como mínimo, en un criadero. Porque quieren perros o gatos hechos a su medida, como un traje o un complemento, aunque esos rasgos que los hacen «a su medida» los condenen a una vida de sufrimiento.

O las que equiparan comprar con «rescatar» a un animal de un criadero para sentirse mejor consigo mismas. Por no hablar de las que compran para buscar a través de Internet animales de la misma raza con el fin de cruzarlos y tener su propio criadero particular y hacer negocio, aunque sea ilegal.

Después llegan los abandonos, y ahí están las protectoras para hacerse cargo de la irresponsabilidad de quien ha abandonado, pero también del criador. Porque un criador no analiza al comprador. Solo vende y gana dinero. El seguimiento depende de en qué medida el nuevo propietario del animal decida informarle sobre su estado. Pero eso sí, siempre encontraremos al criador que dice orgulloso cuántos de sus compradores les mandan fotos de sus perritos. Como si eso quitara hierro al asunto.

Explotación

El buen criador, nos dicen, es el principal interesado en el bienestar de los animales porque de ello depende su negocio. Como el ganadero que vela por sus vacas en preciosos pastos verdes extensivos para después enviarlas al matadero. Y es que igual que el ganadero, el criador explota. Porque mantener hembras con la única finalidad de reproducirlas para ganar dinero es explotación, independientemente de lo bien que vivan los animales.

Pero los animales no son productos ni mercancías, y por tanto, ni se venden ni se compran. En un tiempo pasado, también se compraban seres humanos (esclavos). Los esclavos de nuestros días son los animales no humanos.

Si los criadores «buenos» realmente velaran por los animales, los esterilizarían para dejar de perpetuar su sufrimiento. Tal vez podrían enfocarse en darles la mejor vida posible a los que ya existen. Ya hay demasiados perros y gatos padeciendo las consecuencias de nuestros actos desde el momento en el que se produjo su domesticación.

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