No es un caso aislado: una investigación revela la realidad oculta del 80% de la carne de pollo producida en España

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La industria avícola española se resiste a hacer la transición hacia sistemas de cría de mayor bienestar

Una investigación publicada por AnimaNaturalis y el Observatorio de Bienestar Animal (OBA) ha revelado la realidad de la cría industrial de pollos en España, caracterizada por el uso de razas de crecimiento rápido y unas condiciones de hacinamiento con graves consecuencias para el bienestar de los animales. Las imágenes han sido obtenidas por el fotoperiodista Aitor Garmendia en cinco granjas de Cataluña y Castilla-La Mancha.

En torno al 80% de la carne de pollo que se produce en España procede de sistemas de cría intensivos, en los que el hacinamiento es la norma. Las organizaciones denuncian la presencia de aves de crecimiento desproporcionado y con heridas cutáneas. Esto no es un caso aislado, «sino el estándar» del sector, tal como señalan.

España es el segundo principal productor de la Unión Europea, por detrás de Polonia, con 810 millones de pollos sacrificados en 2025, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

Cadáver de un pollo en una granja avícola
© Aitor Garmendia | AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

Selección genética

Los pollos broiler, seleccionados genéticamente para la producción de carne, representan una media del 82% de toda la carne de ave producida en España y casi uno de cada cuatro euros (23%) del volumen total de la ganadería española.

La selección genética provoca que estos animales alcancen los 2’8 kilogramos en apenas 42 días de vida (seis semanas). Este ritmo metabólico supera la capacidad física del animal, que desarrolla enfermedades, miopatías y fallos cardiovasculares antes incluso de salir de la granja, tal como muestran numerosas investigaciones. Existen evidencias de que más de la mitad de estos pollos sufre cojera clínica, malformaciones o desarrollan lesiones en las extremidades por el contacto permanente con suelos saturados de excrementos.

«Lo que el consumidor percibe como un precio bajo en el lineal es, en realidad, el resultado de un sistema de máximo estrés biológico», declara Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. «Estamos ante animales que son ‘bebés’ con cuerpos de adultos cuyos órganos fallan antes de llegar al matadero. No es un fallo del sistema, es el sistema funcionando según sus propios parámetros de eficiencia: la máxima optimización del coste a costa de un sufrimiento animal agónico y sistémico», añade.

Granja de pollos
© Aitor Garmendia | AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

Además, la cría industrial se caracteriza por espacios de alta densidad. La normativa europea actual permite albergar hasta 42 kilogramos por metro cuadrado. Esto implica que los animales vivan y mueran en espacios extremadamente reducidos que limitan su comportamiento natural.

Antibióticos

Asimismo, preocupa el uso de fármacos en las granjas. Aunque la Unión Europea prohibió los antibióticos como promotores del crecimiento en 2006, España continúa utilizando el doble de estos medicamentos que la media europea en proporción a la población animal del país, según la European Medicines Agency (EMA). En 2024, las ventas de antibióticos veterinarios en la Unión Europea crecieron un 5%, lo que rompió una tendencia a la baja de más de diez años.

España también mantiene un autoabastecimiento del 97’1% en la carne de pollo, lo que le otorga autonomía para liderar el cambio en Europa. Sin embargo, la industria nacional se mantiene inmóvil y permite que el modelo intensivo sea el hegemónico. Por contra, países como Noruega han anunciado la eliminación total de las razas de crecimiento rápido para 2027.

Cadáver de un pollo en una granja avícola
© Aitor Garmendia | AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

La implicación del sector es clave

La investigación pone de manifiesto una realidad que requiere una reflexión por parte del sector. El Observatorio de Bienestar Animal y AnimaNaturalis instan a la patronal avícola AVIANZA a posicionarse sobre la viabilidad de este modelo productivo, que ignora las recomendaciones de la EFSA, y la transición hacia sistemas de mayor bienestar, dado su papel clave en el reto de cumplir con las expectativas éticas del consumidor.

Ya en 2023, la EFSA referenció un amplio consenso científico que asocia la falta de estímulos, el estrés y el hacinamiento en las naves industriales con la debilitación del sistema inmunitario de las aves. Esta vulnerabilidad biológica favorece también la diseminación de bacterias que pueden suponer un riesgo cuando la carne llega al supermercado y la necesidad de usar antibióticos en las granjas, lo que aumenta, a su vez, el problema de la resistencia a los antibióticos causada por el uso indiscriminado por la industria durante años.

La propia Comisión Europea no ha seguido todavía las recomendaciones de la EFSA, que incluyen reducir la densidad máxima a once kilogramos por metro cuadrado e imponer un límite de 50 gramos de crecimiento rápido, lejos de los más de 100 diarios que pueden llegar a engordar algunos días las aves en los sistemas intensivos.

Pollos hacinados en una granja avícola
© Aitor Garmendia | AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

230000 respuestas por el bienestar animal

La ciudadanía, por su parte, ha manifestado su rechazo a este modelo de producción, con más de 230000 respuestas oficiales a la consulta pública sobre bienestar animal. El Eurobarómetro de 2023, además, reveló que el 91% de la ciudadanía europea considera que el bienestar de los animales en granjas debería estar mejor protegido. El 94% afirmó que todos los animales en granjas deberían tener espacio suficiente para moverse en libertad.

AnimaNaturalis y OBA demandan, por todo ello, que la industria española firme el Compromiso Europeo del Pollo (ECC) para iniciar una transformación real hacia la cría de razas de crecimiento lento y con menores densidades de población. Las organizaciones consideran que esta es la única vía efectiva para alinear la oferta real con las expectativas de la sociedad española y elevar la línea base de bienestar en beneficio de todo el mercado, en un contexto en el que el consumidor opta por la única oferta disponible y accesible, sin posibilidad de elegir activamente otros modelos.

«La responsabilidad no puede recaer solo en las personas consumidoras. Es la industria la que debe elevar el estándar. Es quien debe decidir si quiere liderar la modernización del sector o seguir defendiendo un modelo basado en la precariedad biológica del animal», sostiene José Luis Murillo, director general de Observatorio de Bienestar Animal.

«La viabilidad del sistema alimentario a largo plazo exige una reducción del consumo de carne en favor de la proteína vegetal de alta calidad. La apuesta por la diversificación de proteínas reduciría la presión ambiental, mejoraría la seguridad alimentaria global y tendría un impacto positivo directo en la salud de las personas, permitiendo al consumidor elegir opciones con menos huella ecológica, más asequibles y responsables», concluye Aïda Gascón.

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