Tres españoles aparecen en la lista de cazadores con mayor número de animales salvajes abatidos
España es el sexto mayor importador mundial de trofeos de caza. Así lo señala un informe internacional que señala a tres españoles entre los cazadores con mayor número de animales salvajes abatidos. Desde 2015, año en que la muerte del león Cecil convirtió la caza de trofeos en un escándalo mundial, los cazadores han matado a más de 10000 leones y cada año aniquilan a cientos de miles de animales salvajes para exhibirlos. Muchos de ellos se encuentran en peligro de extinción.
Coincidiendo con la publicación del informe, la coalición global de expertos, conservacionistas, líderes políticos y personalidades públicas Ban Trophy Hunting ha lanzado una campaña para exigir la abolición definitiva de la caza de trofeos.
El papel de España en el comercio de trofeos de caza
Datos de la UN Environmet Programme World Conservation Monitoring Centre (UNEP-WCMC) indican que España importó 934 trofeos durante el período analizado en el informe, lo que sitúa al país en sexto lugar dentro de una lista liderada por Estados Unidos y México.
Las elevadas cifras de trofeos de caza vinculadas a España han llamado la atención de la coalición, dado su papel en un comercio cada vez más cuestionado por su impacto sobre especies amenazadas. Nuestro país se sitúa en el centro de esta industria, tanto por volumen de importaciones como por la actividad de los cazadores. España no solo es uno de los principales importadores de trofeos de elefante, sino también un mercado clave para los trofeos de jirafa. Los cazadores españoles también figuran entre los primeros importadores de trofeos de oso pardo y de antílope lechwe.
El protagonismo de España en esta actividad contrasta con la indignación pública que provocó el polémico viaje a Botsuana del rey emérito Juan Carlos para cazar elefantes en el año 2012.
Tres cazadores españoles
El informe identifica a tres ciudadanos españoles entre los cazadores de trofeos más letales y también premiados a nivel global. José «Pepe» Martí ocupa el octavo puesto, con 828 animales abatidos. Le sigue el Dr. Marcial Gómez Sequeira en undécimo lugar, con 817 muertes a sus espaldas. También se menciona al ya fallecido Antonio «Tony» Sánchez-Ariño, quien afirmó haber matado a más de 4000 animales, incluidos 1300 elefantes y 340 leones, y cuyo «récord» personal fue de 20 elefantes en 75 minutos.
«Puedo ver claramente al león africano dando un salto en el aire en el instante en el que su cabeza se echa hacia atrás y estalla en una nube de humo causada por mi bala», dice un cazador en el vídeo de la campaña que ha publicado Ban Trophy Hunting. «Es como ser adicto a la heroína, no es fácil dejarla, ya sabes», señala otro.
Los cazadores de trofeos confiesan abiertamente que infligen graves heridas a sus víctimas: «Si tu primer disparo no es letal, te sube tanta adrenalina que, para rematarlo, básicamente tienes que romperle los huesos para que se quede tendido, y solo entonces puedes acercarte y acabar con él», sostiene otro cazador.
Frente común por la abolición
La investigación advierte de que miles de animales protegidos por CITES siguen siendo víctimas de la caza y del mercado de los trofeos de caza cada año. Entre las especies más afectadas se encuentran elefantes, jirafas, leones, leopardos, hipopótamos, cebras y primates, convertidos en colmillos, cabezas, pieles o extremidades para su exhibición. A menudo, estos trofeos terminan en colecciones privadas.
INTERCIDS, Operadores Jurídicos por los Animales, se ha sumado a la «Declaración de Abolición», respaldada por figuras como Jane Goodall o el Dalai Lama, Paul McCartney, Mark Ruffalo o Pierce Brosnan. Su objetivo es servir de base para un futuro trabado de las Naciones Unidas.
La Dra. Jane Goodall fue la impulsora de la iniciativa. Antes de fallecer, Goodall calificó de «inadmisible» la caza de trofeos.
La campaña hace hincapié en los países con las cifras más elevadas, como España, como aquellos que deben desempeñar un papel clave en la desautorización de la caza de animales como trofeos y en el avance hacia modelos de conservación basados en la fauna salvaje, las comunidades locales y el turismo fotográfico.
«Las generaciones futuras mirarán hacia atrás con incredulidad al saber que se mataron animales en peligro simplemente por entretenimiento y derecho a fanfarronear», expresa Eduardo Gonçalves, fundador de la campaña y coautor de la Declaración.


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