El ruido imperceptible para los humanos altera el comportamiento de los murciélagos

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Las consecuencias de la exposición a ciertos sonidos son más duraderas de lo que se pensaba

Sonidos imperceptibles para los seres humanos en las ciudades pueden alterar el comportamiento de los murciélagos. Así lo ha señalado un grupo de investigadores de las universidades de Bangor (Reino Unido), Letonia y Oldenburg (Alemania), en un estudio que concluye que el ruido electromagnético afecta incluso a la migración de estos animales. Además, los efectos disruptivos de estos sonidos perduran mucho más de lo que se creía.

Estudios anteriores ya habían demostrado que los ruidos electromagnéticos pueden alterar la capacidad de los murciélagos para percibir el campo magnético. Los investigadores quisieron profundizar en esta idea y expusieron a murciélagos de la especie Pipistrellus pygmaeus a sonidos de radiofrecuencia de banda ancha débil (0-300 MHz) durante 30 minutos en la puesta de sol. Después, evaluaron su orientación de vuelo por la noche.

Estos murciélagos migran durante la noche a sus zonas de invernada. Los autores pronosticaron que el ruido alteraría su capacidad para percibir el campo magnético y orientarse. Tras ser sometidos al ruido electromagnético, los animales se dispersaron en direcciones aleatorias. Otros murciélagos que no habían sido expuestos se orientaron en la dirección migratoria esperada.

Efectos más duraderos

Los investigadores, además, descubrieron que estas alteraciones no solo se producían en animales expuestos a ruido electromagnético durante la puesta de sol, período clave para la calibración de su brújula interna. También les afectaba después.

Los efectos disruptivos duraron hasta varias horas después del período de exposición, algo que tampoco sospechaban los autores. «Nuestra intención era ver cómo afectaba el ruido al sistema de detección magnética de los murciélagos, pero los resultados sugieren que el impacto es mucho más complejo«, señala Richard Holland, profesor de la Universidad de Bangor.

Los investigadores asumían que la alteración sería breve y los murciélagos se repondrían al salir de las ciudades. Pero los resultados indican que los efectos pueden durar más de lo que se pensaba, incluso en exposiciones breves a independientemente de otras señales.

«Podría ser que el ruido distorsione tanto su interpretación del campo magnético que los murciélagos decidan ignorarlo. O bien que actúe como un factor de estrés que los lleve a descartar la migración esa noche, lo que explicaría su rumbo aleatorio», expresa Will Schneider, investigador en la Universidad de Bangor.

Schneider advierte sobre las consecuencias ecológicas de este hecho y sobre el vacío legal existente. «Es alarmante que las normativas actuales sobre límites de exposición electromagnética estén diseñadas exclusivamente para proteger a los seres humanos, dejando a la fauna silvestre completamente vulnerable, incluso cuando se cumplen dichas directrices».

Fuente: EFE Verde.

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