Los gatos domésticos con acceso al exterior están expuestos a un riesgo de enfermedad equivalente al de los ferales

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El riesgo de portar patógenos con capacidad de infección es superior al esperado

Los gatos domésticos con acceso al exterior pueden presentar un riesgo de enfermedad equivalente al de los gatos ferales o comunitarios. Es la conclusión a la que ha llegado un estudio que ha revisado un total de 604 investigaciones previas que abarcan el análisis de más de 174000 gatos en 88 países. Según los autores, el riesgo de portar enfermedades infecciosas en gatos domésticos con acceso al exterior es superior al esperado.

Un gato doméstico con acceso al exterior es aquel con un tutor o familia que le permite deambular al aire libre. Por contra, se denomina gato feral o comunitario a aquel que vive continuamente en la calle, con o sin contacto humano, pero sin tutor reconocido.

Según el estudio, los gatos domésticos con acceso a la calle pueden portar enfermedades a pesar de que reciban atención veterinaria, alimentación regular y refugio. Los investigadores identificaron hasta 124 tipos de patógenos capaces de contagiar a los gatos, 100 de los cuales también pueden afectar a la especie humana.

En este sentido, los gatos con acceso al exterior son más susceptibles de contraer patologías conocidas como la toxoplasmosis, lombrices intestinales o leptospirosis, así como patógenos que pueden ser asintomáticos como la Bartonella, bacteria causante de la enfermedad por arañazo de gato.

Estas infecciones pueden afectar a los gatos por distintas vías, ya sea a través de las pulgas u otros parásitos, de la depredación o del contacto con otros gatos.

Los autores partían de la premisa de que los gatos comunitarios tienen un riesgo mayor de contraer enfermedades que los felinos domésticos. «Pero nos sorprendió que los gatos domésticos con acceso al exterior presentaran un riesgo de infección comparable al de los ferales», apunta Amy Wilson, autora principal del estudio.

Proteger a los gatos

Los investigadores apuntan que los planes de gestión de las colonias felinas a menudo «no abordan una gran parte del problema»: la presencia de gatos domésticos con familia en las calles. Por ello, apuntan a algunas formas de reducir su exposición a patógenos, como el cierre de patios y jardines, el acceso supervisado al exterior o los paseos con arnés. «Las vacunas y la desparasitación por sí solas no son suficientes«, sostienen.

Pero los autores también recuerdan que la permanencia en interiores es totalmente apropiada para los gatos. El acceso al exterior «no es esencial para el bienestar de los felinos ni para el vínculo entre humanos y animales. Si mejoramos la forma en que gestionamos a nuestros gatos, podremos protegerlos«, añade Wilson.

Wilson propone reducir la presencia de los gatos en las calles en un proceso similar al que ha sucedido con los perros en muchos países donde en el pasado era frecuente verlos deambular.

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