Estos animales son usados en espectáculos hasta cuatro veces al día
Activistas se congregaron ayer ante las puertas del Oceanogràfic de Valencia en una protesta silenciosa contra el maltrato que sufren los delfines en cautividad y para informar a los visitantes sobre esto. La acción fue organizada por las organizaciones València Animal Save, World Animal Protection España y Océanos de Vida Libre, y contó con representantes y voluntarios de PACMA o AnimaNaturalis.
En esta época del año, los turistas hacen cola a las puertas de atractivos turísticos poco respetuosos con los animales, como el Oceanogràfic, que en estas fechas acoge a miles de visitantes que muchas veces acuden por desconocimiento, tal como explican los organizadores. Desde junio, este aumento de las visitas ha conllevado una mayor explotación de los 18 delfines que viven en el centro, que son utilizados en espectáculos hasta cuatro veces al día (a las 11:45, a las 14:00, a las 16:30 y a las 18:30), expuestos al sonido de la música alta y el ruido de la grada.
«Los delfines en cautividad no son ‘embajadores’ de su especie en libertad, tal como sostiene el Oceanogràfic, ¡son esclavos!», denuncian los convocantes.
Estos animales no solo son obligados a participar en espectáculos, sino que también son sometidos a duros entrenamientos y a un cautiverio constante, como el resto de las especies que se mantienen encerradas en centros como este o en zoológicos.

Los convocantes también denuncian «el adoctrinamiento a la infancia, puesto que muchos niños asisten a los espectáculos precisamente por su empatía con los animales, desconociendo totalmente el sufrimiento del cautiverio y creándoles una imagen distorsionada de la realidad«, apunta Diego Nevado Martínez, portavoz de València Animal Save.
España es líder en Europa en cuanto a número de delfines en cautividad, con 93 individuos, y el Oceanogàfic es el lugar que más delfines cautivos alberga, con un total de 18, según World Animal Protection. «Estos animales sociales e inteligentes languidecen dando vueltas en pequeñas piscinas de cemento con el solo fin de entretener a turistas y generar ingresos millonarios a las empresas que los explotan», señala Oreto Briz, responsable de comunicación de World Animal Protection España.
Una de las personas que se disponía a acceder al Oceanogràfico junto a su familia ayer, Evaristo González, se replanteó la decisión tras hablar con los activistas. «Siempre me han gustado los animales y al leer el folleto, me he planteado que su situación en los acuarios no era justa«, apuntaba.
Además de la pretensión de concienciar a los turistas para que no contribuyan con su entrada a perpetuar el sufrimiento de los animales salvajes que viven en cautividad, los activistas también han pedido la detención de la cría de delfines en cautividad y que se plantee un cierre progresivo de los espectáculos para que esta sea la última generación de delfines que viven cautivos en nuestro país.
Las personas que lo deseen pueden sumar su voz a la protesta a través de su firma para poner fin al cautiverio de delfines. Más de 48000 personas ya han firmado.

«Apresados en el mar»
Según la bióloga Rosa Más, «el Oceanogràfic de Valencia, al igual que otros zoológicos, participa en programas de presunta conservación de especies: han conseguido reproducir caballitos de mar de hocico largo, lo que podría considerarse como una buena noticia; sin embargo, cabe preguntarse de dónde salieron los progenitores de estas criaturas nacidas en cautividad. La respuesta es tan sencilla como triste: fueron apresados en el mar al igual que los demás animales que sirven de atractivo turístico para este espacio».
En estas capturas, que se llevan a cabo con redes, «mueren muchos individuos y los que sobreviven son confinados en cajas de cristal que nada tienen que ver con su medio natural. Nunca hay que olvidar que un zoo es un negocio que depende de exhibir animales y de obligarles a realizar ejercicios más o menos acrobáticos, habitualmente contrarios a su naturaleza, pero que garantizan la venta de entradas«, añade.
Algunos de los delfines que se encuentran en zoológicos proceden de cacerías sangrientas como la de Taiji (Japón), que tiene lugar cada año desde septiembre hasta enero, cuando el Gobierno japonés autoriza la caza de unos 2000 individuos. En 2009, se estrenó el documental The Cove, acerca de estas matanzas. Las imágenes de los delfines tratando de huir desesperadamente, agonizando y muriendo dieron la vuelta al mundo, pero la práctica siguen llevándose a cabo.
«La forma en la que podemos ayudar a esos delfines y a todos los animales cautivos es no acudir nunca a los lugares de cautiverio. Sobre todo, es importante que las niñas y los niños entiendan que los demás animales no existen para servirnos, pues todos y cada uno de ellos son seres sintientes, cuyas complejas capacidades cognitivas y sociales les hacen merecedores de respeto, pues tienen interés por vivir, por relacionarse y por disfrutar de experiencias», concluye la bióloga.


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