La inversión pública en proteínas alternativas a la carne alcanzó los 635 millones de dólares en 2022

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Mientras algunos países imponen restricciones a los productos plant based, otros invierten en su desarrollo

La financiación de los gobiernos a las proteínas alternativas a la carne se duplicó en 2022 a nivel mundial, hasta alcanzar los 635 millones de dólares, una cifra récord aunque insuficiente en el contexto de crisis climática en el que nos encontramos. Dentro de estas alternativas, se encuentran las opciones plant based y la carne cultivada.

Expertos señalan que el sector de las proteínas alternativas tiene potencial para mantener 9’8 millones de puestos de trabajo y generar 1’1 billones de dólares hasta el 2050. Pero para ello, la inversión pública debe ascender a más de 10000 millones de dólares anuales para investigación y desarrollo (I+D) y comercialización. También sugieren que Estados Unidos y China, líderes en investigación agrícola a nivel mundial, aporten cada uno unos 1000 millones de dólares anuales para I+D en proteínas alternativas.

Dinamarca es uno de los países que más está invirtiendo en alternativas vegetales a la carne, y ha incentivado a los agricultores para cultivar plantas ricas en proteínas con una inversión de 99’4 millones de dólares.

Por su parte, Canadá aportó más de 127 millones de dólares el año pasado para el desarrollo de productos vegetales alternativos a los de origen animal.

Sin embargo, algunos países han optado por imponer restricciones a estos productos, sobre todo en lo que respecta al etiquetado, si bien es cierto que la mayoría de los gobiernos se resisten a aprobar limitaciones de este tipo.

En cuanto a la carne cultivada, Estados Unidos y Singapur ya han aprobado su venta, mientras que Holanda se sitúa a la cabeza de Europa en cuanto a inversión en agricultura celular, con más de 66 millones de dólares.

Entre las razones de peso que deberían motivar a los gobiernos a invertir en alternativas a la carne no solo se encuentra la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también la salud pública, la lucha contra la resistencia a los antibióticos y enfermedades asociadas al consumo de carne. A ello se une el elevado uso de recursos de la industria agrícola asociada a la ganadería, insostenible ante problemas derivados de la emergencia climática como la sequía.

Fuente: VegNews.

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