La empresa Octolarvae pretende instalar un criadero en Moaña, dentro de un proyecto de investigación que sirve al interés de la industria
Tras el rechazo social generado por la granja de pulpos que Nueva Pescanova pretendía instalar en Canarias, una nueva iniciativa de este tipo amenaza las aguas gallegas. La empresa Octolarvae, filial del Grupo Profand, ya ha obtenido la autorización de la Xunta para la puesta en marcha de un criadero de pulpos en Moaña (Pontevedra), que se presenta como un proyecto de «innovación científica» con la colaboración del CSIC y centrado en la fase larvaria de estos animales, pero que esconde un experimento que servirá a los intereses de la industria.
El permiso otorgado al proyecto tendrá una duración de diez años prorrogables. Aunque sus promotores han declarado que el criadero no tiene pretensiones de comercialización, la investigación que se va a llevar a cabo será fundamental para la explotación en el futuro de pulpos en cautividad, en una búsqueda de mayor rentabilidad para esta industria que busca reproducir a los pulpos con éxito en un ambiente artificial y antinatural para la especie, sometidos al estrés del hacinamiento. Estos animales son sumamente inteligentes, solitarios y muy sensibles debido a su complejo sistema nervioso, lo que aumenta su sufrimiento en condiciones de cautividad, privados de libertad y del desarrollo de sus comportamientos naturales.
Octolarvae pretende instalar una planta de unos 350 metros cuadrados para la cría de pulpos, equipada con áreas de cultivo de microalgas, artemia o fitoplancton que sirvan como alimento para las larvas, así como zonas específicas para individuos reproductores.
Todo ello se enfoca hacia el futuro que desea la industria: el de las granjas de pulpos, que hasta ahora no existen en ningún lugar del mundo pero que suponen una amenaza seria para el bienestar animal y del ecosistema marino. Aunque este tipo de proyectos se presentan como sostenibles, científicos han cuestionado su impacto medioambiental y sobre la biodiversidad, ya que seguiría siendo necesaria la sobrepesca para alimentar a los pulpos confinados en tanques. La amenaza es tal que algunos lugares del mundo ya han prohibido las granjas de pulpos o han presentado propuestas para hacerlo cuando ni siquiera se han materializado.
Los Gobiernos europeos han invertido 9’7 millones de euros en fondos públicos para el desarrollo de la cría de pulpos en cautividad, según Compassion in World Farming, pese a que un 86% de los europeos consideran que estos proyectos únicamente deberían financiarse si garantizan el bienestar animal. Sin embargo, los pulpos y otros animales acuáticos siguen sin una legislación que garantice su protección. La Unión Europea tiene ahora en su mano prohibir la cría de pulpos en cautividad, de acuerdo con la demanda de organizaciones de diferentes países miembros.


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