El calor, la sequía o la escasez de recursos ya han provocado cambios para numerosas especies
Un estudio publicado en la revista CABI Reviews ha analizado cómo es el impacto del cambio climático en los animales en granjas y zoológicos, pero también aquellos que conviven con nosotros y los que se encuentran en reservas naturales. Estos se ven afectados por la actual emergencia climática en los ámbitos de la nutrición, el comportamiento, el entorno o la salud física y mental.
Entre los animales especialmente vulnerables a los efectos de la emergencia climática, los investigadores han identificado a los pollos y las vacas usadas para producir leche, los murciélagos, algunos tipos de peces y ranas, los koalas o los elefantes africanos.
En el caso de las vacas, el estrés térmico está teniendo consecuencias en su sistema inmunitario y en la salud de los terneros, así como un factor preocupante para los ganaderos: ha generado una reducción del 35% en la producción de leche. El año pasado, una empresa quesera francesa tuvo enormes pérdidas poder producir queso debido a la sequía. Sin embargo, la ganadería vacuna es uno de los sectores que ha propiciado este cambio climático que ahora le afecta.
En cuanto a los pollos, que tienen una capacidad limitada de regulación térmica, se ha producido un empeoramiento aún mayor de las condiciones de vida, que ya son en sí nefastas en las granjas.
Ante esta situación se ha propuesto una mayor vigilancia de los animales, proporcionarles más sombra o utilizar aspersores o aire acondicionado. Sin embargo, cada vez más expertos cuestionan el uso de animales para consumo, dada la contribución de la industria ganadera al cambio climático. En los últimos 20 años, la ganadería ha sido responsable del 95% del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Respecto a los animales salvajes, los investigadores destacan que los elefantes africanos se ven gravemente afectados por la sequía y la escasez de recursos, que necesitan grandes cantidades de comida y agua a diario pero la disponibilidad es cada vez menor. Todo ello conduce a tasas de mortalidad más altas en estos animales.
En el caso de los koalas, estos han experimentado un aumento del gasto energético para mantener su temperatura corporal.
Acerca de los animales domésticos, los investigadores aluden a un aumento de los golpes de calor en perros y otras enfermedades relacionadas con las altas temperaturas, algo que ha podido comprobarse en canes del ámbito militar. Además, el 87% de las personas que conviven con perros señalan que estos animales se ejercitan menos cuando hace calor, lo que puede afectar negativamente en su salud y provocar cambios en los hábitos entre humanos y canes.
Fuente: VegNews.


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