Los seres humanos hemos catalogado a algunos animales como «tontos», y ejemplos de ello son las ovejas o algunas aves como los pollos y gallinas, en ambos casos animales considerados de granja. Lo cierto es que estas especies gozan de una inteligencia mucho mayor de la que le atribuimos, y el hecho de denominarlos «tontos» solo muestra lo ignorantes que somos al respecto. Una ignorancia en la que muchas personas se sienten cómodas, ya que les impide reflexionar sobre el consumo de lácteos, huevos o carne.
Diferentes estudios a lo largo de los años han señalado la inteligencia y sensibilidad de los pollos y gallinas, cuya carne es la más consumida en países como Estados Unidos, donde se comen casi 45 kilos al año y llegan a los mataderos más de 70000 millones de estas aves. Esta cifra equivale a más de 20 veces la cifra de cerdos, ovejas y vacas juntos. Casi el 100% de estas aves pasan su vida en granjas industriales.
Los pollos o gallinas son capaces de razonar, empatizar, deducir y engañar. Juegan entre ellos (si las condiciones de hacinamiento de las granjas no se lo impiden), saben cuándo sus crías están en peligro, reconocen a los seres humanos y se advierten mutuamente de amenazas cercanas.
La inteligencia de estos animales puede ser la característica gracias a la cual han sobrevivido desde hace millones de años a pesar de ser presas «fáciles» para los depredadores en la naturaleza.
Estas aves pueden emitir más de una veintena de sonidos distintos, ya sea para saludarse, expresar frustración, señalar la presencia de comida o anunciar que acaban de poner un huevo. Cuando un peligro está cerca, emiten señales de alarma distintas en función de si se trata de depredadores voladores, terrestres o humanos.
A modo de curiosidad, los gallos pueden intentar engañar a las gallinas emitiendo vocalizaciones que señalan que hay comida cerca para atraerlas, aunque con el tiempo estas se dan cuenta y dejan de responder a las llamadas. Este comportamiento se ha observado también en mamíferos como algunos primates.
Ciencia
Un estudio de 2005 concluyó que los pollos poseen la capacidad de autocontrol y proyección en un futuro próximo. Los investigadores presentaron a las aves un botón que debían pulsar si querían obtener comida. Cuanto más rápido lo pulsaran, menos cantidad de alimento recibían. Así, el 90% de las veces los animales esperaron unos segundos más para obtener el premio más grande.
Otras investigaciones han señalado que los pollos pueden resolver operaciones, comparar conjuntos de datos y contar de izquierda a derecha. Según la doctora Christine Nicol, «los pollos tienen la capacidad de dominar destrezas y desarrollar habilidades que un niño humano puede tardar meses y años en lograr».
Estos animales pueden reconocer hasta 100 caras distintas y asociarlas con experiencias positivas o negativas. También pueden dar muestras de afecto a las personas que cuidan de ellos y responden de forma diferente a cada ser humano en función de cómo les haya tratado, si bien todo ello son generalidades y la personalidad de cada ave puede ser totalmente opuesta.
Por supuesto, los pollos y gallinas saben diferenciar entre un individuo que forma parte del grupo y otro que no, así como también entre individuos dentro de su propio grupo.
En las granjas…
Todo lo anterior no importa nada a la industria ganadera, que somete a pollos y gallinas a prácticas dolorosas como el corte del pico a pollitos recién nacidos o a un crecimiento rápido y anormal que les provoca inmovilidad, enfermedades y daños crónicos cuando tan solo tienen unos días de vida.
Ninguna granja permite a estas aves socializar, jugar, correr con comida en el pico o mostrar afecto a otros individuos.
Fuente: Sentient Media.


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