Buena parte de la carne que se consume procede de vacas, o mejor dicho, de terneros, porque las vacas que llegan a nuestros platos suelen ser crías. En muchas zonas rurales de países como España, es habitual encontrarse con estos animales, aunque lo cierto es que la mayoría de las personas jamás tenemos contacto con ellos. No los conocemos, y tal vez por eso los vemos como trozos de carne y no como individuos. A mucha gente le sorprendería saber que las vacas no son tan diferentes a los perros o gatos con los que convivimos.
Las vacas juegan y forman amistades dentro de su grupo. Como en el resto de las especies animales, no todas son iguales, y tienen sus propias personalidades, pero el sufrimiento que sienten cuando se les arrebata a sus hijos, práctica por la que sobreviven las granjas que las crían, es común en cualquier madre.
La ganadería vacuna, independientemente de que críe vacas por su leche o por su carne (a veces ambas son una sola industria), jamás te permitirá ver a dos terneros jugando a perseguirse, golpeando pelotas o en cualquier comportamiento natural en su especie. Cuando dos terneros juegan, están realizando una actividad importante en su socialización y desarrollo futuro, algo que la industria les impide, pero que tampoco le importa demasiado porque probablemente los va a enviar al matadero, o en su defecto, los va a hacinar junto a otras vacas, impidiendo de nuevo que se comporten de acuerdo con su naturaleza.
Estudios
La ciencia ha analizado el comportamiento y las reacciones de las vacas y ha llegado a conclusiones interesantes. Por ejemplo, cuando estos animales levantan sus párpados hasta que el blanco de sus ojos se hace visible, están expresando miedo o frustración, mientras que cuando se encuentran relajadas y felices no los levantan de esta manera.
Las vacas son animales sociales. Pueden percibir si una compañera se encuentra estresada, lo que produce un efecto similar en el resto del grupo; o cuando está calmada, lo cual relaja también a las demás.
Estos animales socializan desde su nacimiento. Las madres lamen a los terneros durante mucho tiempo (cuando se les permite) y así forman su primer vínculo con sus crías. Se cree que este se establece ya en los cinco primeros minutos tras nacer el ternero. La angustia cuando son separados es infinita en ambos individuos.
Más adelante, los terneros buscan compañeros en el resto del grupo, y acaban formando sus propias amistades. Un estudio de 2003 señaló que cuando una vaca es separada de su grupo de amistades y colocada en uno desconocido, muestra más agresividad y angustia.
Otro estudio realizado en Reino Unido con más de 400 vacas descubrió que más de la mitad preferían estar con un individuo concreto. Algunas fueron separadas de su grupo social, pero se les permitió quedarse con su «mejor amigo»; mientras que a otras no se les permitió. Estas últimas mostraron emociones más negativas. Otra investigación realizada en Kenia sugiere que las vacas pueden mantener lazos de amistad durante años.
El lamido es un factor clave en la vida social de las vacas, también después de su nacimiento. Un estudio que tuvo lugar en Australia concluyó que las vacas que reciben lametones experimentan una disminución de la frecuencia cardíaca, lo que se traduce en una mayor relajación.
Las vacas también pueden crear vínculos afectivos con los humanos. Les gusta que las acaricien, y en estos momentos alargan el cuello, bajan las orejas y se reduce su ritmo cardíaco.
En las granjas intensivas, las vacas viven confinadas en recintos sucios y sin acceso o con escaso acceso al exterior, por lo que difícilmente las veremos jugar. También están expuestas a enfermedades y, a veces, son marcadas y descornadas, lo que les produce un inmenso dolor. Los terneros son separados de sus madres y destetados de forma temprana, y si no son enviados al matadero, son criados aislados, lo que se traduce en menos juego y malestar, y a largo plazo, en un desarrollo deficiente de sus comportamientos naturales.
La ganadería extensiva no es mucho mejor. Las vacas tienen acceso al exterior, disponen de espacio y pastan, pero la separación entre crías y madres se produce igualmente.
Esta separación, al igual que prácticas como el descorne, pueden mantener a las vacas tristes durante días, emoción que expresan con sonidos que a muchas personas que hemos crecido cerca de granjas vacunas nos parecen normales hasta que descubrimos que se trata de la llamada de las vacas a sus hijos cuando les han sido arrebatados, con la esperanza de que las escuchen.
Las vacas pueden vivir unos 20 años. En las granjas, no se les permite superar los seis.
Fuente: Sentient Media.


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