Los pingüinos son especialmente vulnerables
El comportamiento de un animal puede ser un hecho determinante en su supervivencia o reproducción. Es la conclusión a la que ha llegado un equipo de científicos españoles que ha estudiado cómo el cambio climático está modificando algunos rasgos de la personalidad de los pingüinos en la Antártida. Todo ello en el marco del proyecto Perpantar. Consecuencias ecológicas y evolutivas de la personalidad de los pingüinos antárticos en un mundo cambiante, financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Para los investigadores, conocer cómo la crisis climática afecta al comportamiento de los pingüinos es importante «para poder actuar antes y mejor para prevenir los riesgos», en palabras de la científica Virginia Morandini.
La Antártida y sus especies son especialmente vulnerables al calentamiento global, que ha provocado una preocupante disminución de la extensión del hielo marino que, en el caso de los pingüinos, podría estar afectando a su alimentación por la disminución de pequeños crustáceos.
La personalidad de los individuos puede tener consecuencias en los procesos ecológicos, como la relación entre presa y depredador, la competencia, la sociabilidad, la reproducción, la crianza, la demografía o la distribución en los hábitats.
Los investigadores han registrado movimientos migratorios que tienden a ir hacia el sur y el oeste, con desplazamientos de hasta 5000 kilómetros por parte de algunos individuos. Otro factor que afecta a su comportamiento, según señalan, es la presencia de garrapatas en colonias que estaban libres de estas hasta ahora.
Existen 22 especies de pingüinos distribuidos en el hemisferio sur, amenazadas principalmente por el cambio climático y la sobrepesca, la destrucción de su hábitat, la contaminación y enfermedades emergentes.
Murciélagos
Pero los pingüinos no son la única especie en cuyo comportamiento está influyendo la crisis climática. Otro estudio reciente liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona ha concluido que la hibernación y la conducta de los murciélagos también se están viendo afectadas y pueden alterar sus patrones migratorios.
La investigación se ha basado en la colonia más grande de murciélagos de Cataluña, en la que viven unos 17000 individuos.

Al suavizarse las temperaturas invernales, estos animales acumulan menos reservas de grasa durante el otoño y reducen, así, su período de hibernación. En palabras del profesor Jordi Serra-Cobo, «las reservas de grasa acumuladas por los murciélagos deben ser suficientemente importantes para poder sobrevivir todo el período invernal sin comer. A consecuencia de unos inviernos más cortos y con temperaturas más altas, los ejemplares no engordan durante el año como lo hacían antes».
Estos cambios corporales son visibles en machos y hembras y podría tener consecuencias en la reproducción de la especie.
Además, el cambio climático afecta a la disposición de los murciélagos en su lugar de hibernación, ya que las cavidades donde hibernan, situadas al final de las cuevas, cada vez tardan más en enfriarse y ello les obliga a situarse más cerca de las salidas al exterior, donde las temperaturas son más bajas.
Al acortarse la hibernación, estos animales llegan antes a sus refugios de primavera, lo que los pone en riesgo de exposición a episodios de frío en esta época del año.


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