Un estudio señala que este órgano evolucionó mucho antes del descubrimiento que a menudo se ha marcado como un hecho clave
Los alimentos fermentados podrían haber contribuido a la evolución del cerebro humano, según un estudio reciente. Esta hipótesis descartaría la idea extendida de que fue únicamente el fuego y el consiguiente aprendizaje de cocinar los alimentos en este (principalmente la carne) lo que llevó al desarrollo de dicho órgano.
El tamaño del cerebro humano empezó a aumentar hace unos 2’5 millones de años, pero los expertos han señalado varias hipótesis que explicaran este hecho, y a menudo sitúan el descubrimiento del fuego como un momento clave.
Sin embargo, según el nuevo estudio, pruebas arqueológicas demuestran que la expansión del cerebro fue anterior al uso del fuego en más de un millón de años.
Como el cerebro requiere la ingesta de calorías, los investigadores creen que un cambio en la dieta fue lo que contribuyó a su crecimiento, y postulan que los alimentos fermentados como opción dietética accesible a nuestros antepasados fueron los responsables.
Según los investigadores, la fermentación facilita al ser humano la absorción de los nutrientes y hace que los hidratos de carbono y las proteínas sean más digeribles. A favor de esta hipótesis se encuentra el hecho de que nuestro intestino grueso es relativamente más pequeño que el de los primates. «El tamaño reducido de los intestinos solo podría evolucionar si nuestros antepasados fueran capaces de explotar una fuente de alimentos más densa en nutrientes y fácil de digerir», explican. Así, el proceso de digestión habría requerido menos energía y esta podría liberarse para el cerebro.
Los investigadores plantean que los seres humanos comenzaron a ingerir alimentos fermentados por accidente. Nuestros antepasados podrían haber almacenado los alimentos en lugares comunes donde habrían fermentado y más tarde habrían mejorado las prácticas de fermentación.
Fuente: Plant Based News.


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