La socialización, esencial en las primeras semanas de vida de los cachorros

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La presencia de la madre y hermanos de camada es vital para el correcto desarrollo social de los perros

Entre las ocho y las diez semanas de vida. Es la edad mínima recomendada por los veterinarios para adoptar a un perro, siempre cuando el cachorros se encuentre en unas condiciones favorables, junto a su madre y en contacto regular con personas. Este tiempo es el necesario para que los animales adquieran las aptitudes y pautas de comportamiento social de su madre y hermanos que favorecerán su socialización. Así lo indica el Grupo de Medicina del Comportamiento (Gemca) de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa), que ha publicado su posicionamiento sobre la socialización en perros.

Los expertos entienden por período de socialización la etapa en la que el animal aprende de forma rápida e intensa a relacionarse con otros perros y con humanos, y adquiere las herramientas sociales para una correcta comunicación. Esta etapa se encuadra en las primeras semanas de vida, cuando el cachorro se muestra especialmente receptivo ante los estímulos, incluidos ruidos, olores o juguetes, y ello le ayuda a evitar problemas de comportamiento relacionados con el miedo o la agresividad en el futuro.

Esta etapa finaliza con la maduración de ciertos mecanismos neurofisiológicos responsables del miedo como respuesta ante estímulos desconocidos. En algunas razas, el proceso se alarga hasta las 16 semanas. Los veterinarios señalan la necesidad de que la exposición a estímulos «sea gradual y adecuada a cada individuo, siendo necesario evaluar continuamente que el perro no está mostrando conductas de miedo, lo que sería totalmente contraproducente». Y es que la exposición a estímulos no siempre garantiza la habituación del cachorro a estos, y además, para que estos aprendizajes sean permanentes se deberá asegurar que se sigan produciendo esas interacciones y que se refuercen posteriormente.

La adaptación de los perros a estímulos «se podrá producir también posteriormente al período sensible, pero de una forma menos óptima, requiriendo más tiempo y esfuerzo para conseguir los mismos resultados», señalan.

Para una adecuada socialización, es importante que los cachorros crezcan en un entorno enriquecido social y físicamente que le permita exponerse a una variedad amplia de estímulos, cuya interacción debe realizarse siempre de forma agradable y progresiva, en presencia de su responsable y a través de presentaciones breves cuando se trate de situaciones nuevas.

Durante las primeras semanas de vida de un cachorro, este debe estar en contacto con su madre y hermanos. En el caso de cachorros huérfanos, los veterinarios recomiendan que estén en contacto regular con al menos un perro adulto y con personas que tengan actitudes tranquilas y positivas hacia los animales.

Tras la adopción, los profesionales recalcan la necesidad de interacciones con perros de diferentes razas, edades y sexo y con personas de cualquier edad. También recomiendan la habituación controlada a nuevos entornos o a caminar con correa, o «experiencias en diferentes situaciones que el cachorro podrá encontrarse a lo largo de su vida, de una forma frecuente y regular, como el desplazamiento en coche o en otros medios de transporte, el baño y diferentes manipulaciones o las visitas al veterinario», sostienen.

Fuente: Animal’s Health.

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