Que acabe ya. Es lo que se nos pasa por la cabeza a muchas personas cada vez que vemos las noticias que a diario narran el genocidio que se está cometiendo sobre la población palestina. Que acaben ya las matanzas masivas, los bombardeos, el hambre de los niños y adultos, la carencia de medicinas y opciones de tratamientos, el mirar para otro lado y en definitiva, la ocupación que Israel lleva décadas ejerciendo en el territorio palestino.
Este es un medio sobre veganismo, antiespecismo y animales. Pero no podemos defender el respeto hacia los individuos no humanos y autodenominarnos antiespecistas mientras permanecemos calladas ante la masacre indiscriminada de personas de nuestra especie. Cuesta creer que personas veganas estén defendiendo el genocidio sobre la población palestina, no solo por la propia dureza de este, sino porque los animales también están siendo víctimas.
La violencia contra los humanos está intrínsecamente relacionada con la violencia contra los animales. Los propios israelíes han definido a los palestinos como «animales humanos a los que hay que tratar como tal» (como animales), y esta expresión nada tiene que ver con el sentido que le damos las personas veganas cuando hablamos de animales humanos como iguales a los que respetar. Más bien tiene que ver con esa concepción de los animales como inferiores, como bestias, como salvajes sin razón ni conciencia que ya en el pasado ha sido utilizada para justificar otros genocidios o la esclavitud. Pero siempre ha estado claro quiénes son en realidad las bestias salvajes.
Si hay personas veganas que están mirando para otro lado o que directamente están del lado del ejército israelí, no solo están defendiendo la masacre de todo un pueblo que lleva años y años aguantando la ocupación, los bombardeos y la discriminación. También están defendiendo verdaderas atrocidades contra los animales.
El bloqueo de Israel a la ayuda humanitaria también es un bloqueo a la entrada de alimentos y medicamentos para animales. Los que ya estaban condenados a la cautividad de los zoológicos ahora están muriendo de hambre, como los perros y los gatos y aquellos considerados «de consumo». Estos últimos son también el objetivo del ejército israelí en su cometido de impedir toda posibilidad de alimentación para los palestinos. Por supuesto, desde el veganismo rechazamos el uso de animales como alimento, pero no estamos aquí para juzgar a otras personas desde nuestros privilegios, por lo que si tu respuesta era «iban a morir igualmente», puedes ahorrártela.
A todo ello se une otra serie de barbaridades que el ejército israelí ha cometido en los últimos meses contra los animales en Gaza de forma indiscriminada y consciente que hemos podido ver en las redes sociales en este genocidio transmitido en directo.
Lavado de imagen
Israel se promociona a sí mismo como uno de los países más veganos, e incluso su ejército se vende como «el más vegano del mundo» porque las botas que utilizan para su indumentaria no contienen cuero animal. El país también ha prohibido la venta de pieles y es la sede de numerosas empresas que están innovando en el sector plant-based o en la creación de carne vegetal de laboratorio. Pero todo ello no es más que parte de ese lavado de imagen con el que pretende encubrir la presión, por decirlo de un modo suave, que ejerce sobre Palestina.
Su propaganda olvida mencionar que en Israel se consumen más de 80 kilos de carne al año por persona, en comparación con los 25 kilos de Palestina, una cifra que sería mucho menor si nunca se hubiera producido la ocupación y si la dieta de los palestinos no dependiera de la ayuda internacional. Israel también es el país donde se mata a más pollos per cápita en los mataderos.
Suele suceder que los países o ciudades que se venden como «los más veganos» o vegan-friendly esconden contradicciones como la existencia de zoológicos, paseos turísticos a caballo, tradiciones cuestionables o un consumo de carne mayor del esperado, pero aquí no hablamos solo de contradicciones. Hablamos de un país que se hace pasar como vegano mientras perpetra un genocidio, de una masacre totalmente injustificada hacia humanos y no humanos.
Por eso, La Zona Veggie no volverá a publicar noticias que apoyen la difusión de ese vegan-washing israelí mientras exista una población ocupada y masacrada. Aquí no encontrarás información sobre empresas israelís de carne vegetal, por muy innovador que sea lo que hacen, financiadas por un Gobierno que está matando a personas y animales; ni sobre medidas políticas contra la explotación animal que probablemente, en cualquier otro contexto serían aplaudibles.


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