No existe ninguna norma que obligue a los ganaderos a contar con protocolos de emergencia para los animales
Ha vuelto a ocurrir. Un incendio de gran magnitud ha destruido una granja avícola de Illinois (Estados Unidos). Al parecer, ninguna de las aproximadamente 1’2 millones de gallinas que allí se explotaban por sus huevos ha sobrevivido.
Tres edificios de la granja han sucumbido a las llamas, que alcanzaron gran altura, según medios locales. Todavía no se han determinado las causas del incendio.
Los fallos en los sistemas eléctricos, la abundancia de materiales inflamables o la contaminación de las granjas facilitan el surgimiento de incendios. En Estados Unidos y otros países, ninguna ley obliga a los granjeros a contar con protocolos de emergencia para los animales en estos casos.
Las noticias sobre incendios en granjas son recurrentes, y casi siempre acaban con la vida de una enorme cantidad de animales, quemados, por inhalación de humo o sacrificados tras haber sufrido quemaduras, ya que en la mayoría de los casos, las condiciones de encierro o hacinamiento en la que se les mantiene no les permiten huir. La cifra de muertes aumenta conforme se va intensificando la ganadería, y con ello, se cría a un mayor número de animales en espacios reducidos.
Los medios casi siempre se enfocan en las implicaciones para los ganaderos o, si las hubiera, en las víctimas humanas cuando tratan este tipo de incendios. Las cifras de muertes de animales casi siempre se aportan como pérdidas económicas y no por el valor de estos como individuos.
Fuente: Plant Based News.


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