Jelly Bean, Echo, Osiris, Peekachu y Rain eran los nombres de los cetáceos fallecidos a causa del movimiento entre instalaciones de cautiverio
Cinco cetáceos han muerto desde su traslado de Marineland, en Ontario (Canadá), al Oceanogràfic de Valencia (España) y al Shedd Aquarium de Chicago (Estados Unidos). Se trata de cuatro belugas y un delfín.
La primera en fallecer en España fue la beluga Jelly Bean. Murió el pasado 17 de septiembre, 20 días después de su llegada al Oceanogràfic junto a otra beluga llamada Cleopatra y cuatro delfines (Echo, Marina, Tsunami y Lida). Antes de su muerte, Jelly Bean dejó de comer y empezó a mostrar graves síntomas de estrés. El 23 de septiembre, moría el delfín Echo, con síntomas de malestar después del traslado. Tenía alrededor de 30 años y problemas de visión y otras patologías.
La única beluga superviviente de Marineland en el Oceanogràfic, Cleopatra. Esta se integrará con el grupo de belugas del acuario: Yulka, que lleva en Valencia desde el año 2003; su hijo Kylu, nacido en 2016 en el cautiverio del mismo acuario; y la pareja de belugas llegadas desde un delfinario de Járkov (Ucrania) en 2024, Plombi y Miranda. Todo ello mientras se observa cómo se comporta Cleopatra ante la muerte de su compañera Jelly Bean, en pleno proceso de adaptación a una nueva instalación de cautividad.
Por otra parte, los tres delfines supervivientes se mantienen separados del resto de cetáceos de su especie.
Las otras tres belugas que han muerto en el Shedd Aquarium de Chicago son Osiris, Peekachu y Rain. Osiris murió el pasado 21 de septiembre, a los 26 años, tras presentar problemas de alimentación inconsciente y deshidratación. Rain, de 20 años, falleció el 2 de septiembre, también con problemas gastrointestinales. Peekachu, de 23 años y ciega de un ojo, murió el 25 de agosto, tras haber dejado de comer y mostrar una grave deshidratación. En las mismas fechas moría Beethoven, un macho de 34 años que llevaba décadas en el acuario de Chicago.
Las belugas de Marineland Canadá
Canadá prohibió el cautiverio de cetáceos en 2019, aunque Marineland no cerró hasta septiembre de 2024. Desde entonces, el centro ha buscado dónde reubicar a las 30 belugas que permanecían en sus instalaciones. Tras un primer intento de enviarlas a otras instalaciones de cautiverio en China que fue rechazado por las autoridades, Marineland amenazó con el sacrificio de los animales. Finalmente se repartieron entre el acuario español y el estadounidense.
El Oceanogràfic ha comunicado la muerte de Jelly Bean como un hecho «repentino e inesperado«. En cuanto a Echo, la ha achacado a los problemas de salud que ya presentaba antes del traslado. A ello se ha sumado el estrés del viaje, la adaptación y la separación de su grupo social. Sin embargo, la muerte de cetáceos tras su movimiento entre acuarios no sucede de forma «repentina e inesperada», sino que es un riesgo habitual. Ya sucedió previamente con animales procedentes de Marineland, en concreto con varias belugas que se enviaron al Mystic Aquarium de Connecticut (Estados Unidos).
De manera similar, el Shedd Aquarium de Chicago ha comunicado la muerte de las tres belugas como hechos «repentinos» de los que no se han esclarecido las causas.
No es rescate, es explotación perpetua
Mientras los medios de comunicación califican el reparto de los cetáceos de Marineland a otros acuarios como un «rescate«, las organizaciones en defensa de los animales han criticado duramente la gestión de la situación. Marineland, «tras explotar durante décadas a sus animales y ganar millones con ellos, se desentendió de su destino», apuntan desde FAADA. Sobre las belugas, la entidad recuerda que ya procedían de «condiciones de vida antinaturales» y presentaban «graves problemas de salud» que no se han tenido en cuenta ante «un traslado de estas características» y pese a los cuales se han movido a otros acuarios para «seguir siendo explotadas».
A la espera de los cetáceos de Marineland Antibes
España es también el destino más probable de las dos orcas y cuatro delfines que permanecen en las instalaciones cerradas de Marineland Antibes (Francia). Ya en julio, el parque Selwo Marina de Benalmádena (Málaga), acogió a ocho delfines procedentes del acuario francés que iban a ser devueltos al país galo. Sin embargo, la negativa del zoo de Beauval, en el centro de Francia, a crear un recinto específico para estos cetáceos ha propiciado que se descarten los planes iniciales.
Hasta la llegada de los delfines de Marineland Antibes, el delfinario del Selwo Marina de Benalmádena se encontraba vacío, pues en 2025 envió a sus nueve delfines a China.
Numerosas organizaciones en defensa de los animales en Francia se posicionaron en contra del traslado de los delfines al zoo de Beauval. Lo consideran contrario a la legislación francesa, e incluso se han iniciado procedimientos judiciales al respecto.
Permanecen todavía en Marineland Antibes las orcas Wikie y Keijo, madre e hijo de 24 y 11 años, respectivamente; y cuatro de los doce delfines que inicialmente se mantuvieron en las instalaciones cerradas del acuario. Se prevé el envío de las orcas a Loro Parque (Tenerife) y el de los delfines al Oceanogràfic, a pesar de la negativa de las autoridades encargadas de evaluar el traslado.
Las organizaciones en defensa de los animales proponen la creación de santuarios marinos capaces de dar una vida digna y lejos de la explotación a los cetáceos que han sido condenados al cautiverio en las últimas décadas.
Primer santuario marino
Precisamente, Canadá albergará el primer santuario marino para orcas y belugas de Norteamérica. Se trata del Whale Sanctuary Project, que se espera esté operativo para el verano de 2027. Más de 60 personas se reunieron en el muelle de Wine Harbour el pasado mes de junio. Allí, celebraron el inicio de las obras después de cuatro años de planificación y recaudación de fondos.
El santuario será un hábitat natural marino, delimitado por redes en una bahía. Allí, los cetáceos rescatados de la cautividad podrán volver a recuperar su condición natural en el océano, nadar en aguas abiertas y dejar de realizar espectáculos ante el público.
Luna, otra víctima
De hecho, las condiciones de los tanques artificiales de los acuarios también han sido causantes de numerosas muertes de cetáceos. La última se ha producido en el zoológico de Kolmården (Suecia). La víctima era una delfina llamada Luna que llevaba alrededor de diez meses con un tratamiento de antibióticos contra la bacteria Mycobacterium marinum, presente en el agua. Esta le había provocado efectos secundarios graves. Finalmente, ha sido sacrificada. Luna tenía 25 años y nació en cautiverio.
La bacteria Mycobacterium marinum provoca lesiones cutáneas y si no se trata, puede extenderse por los músculos y tendones. El zoológico teme que todos sus delfines puedan estar afectados en mayor o menor medida por esta bacteria. Sin embargo, no se han modificado las condiciones del entorno.
Se contabilizan más de 60 delfines muertos en este zoo sueco en los últimos años. Uno de los casos más llamativos fue el de Nephele, que falleció tras ingerir un trozo de alga artificial en 2024. Más recientemente, en agosto de 2026, moría en sus instalaciones otro delfín llamado Cecil, también sacrificado tras llevar tiempo enfermo. No se destaca que estuviera afectado por la misma bacteria que Luna.
El zoo de Kolmården anunció el cierre de su delfinario en 2021. Al año siguiente, debía haberse producido el fin de los espectáculos con cetáceos. Sin embargo, el centro sigue operativo.


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