Varios delfines siguen atrapados en un zoo de Suecia años después de anunciar el cierre del delfinario

,

Defensores de los animales instan al centro a que facilite su traslado a un santuario

El zoológico de Kolmården (Suecia) anunció, en 2021, que cerraría su delfinario. Cuatro años después, los delfines siguen atrapados en sus instalaciones y continúan siendo utilizados en espectáculos, mientras el centro vente sus entradas. «Languidecen en la superficie, sin nada que nacer ni explorar», apuntan desde la organización Dolphin Project. El zoo «aún no ha reconocido el innegable sufrimiento que el cautiverio ha causado a estos animales«.

El anuncio que se produjo en 2021 fue recibido con optimismo por los defensores de los animales, pero cuatro años después, los delfines siguen confinados «y olvidados», en palabras de Helene O’Barry, de Dolphin Project. Pese a la promesa pública del zoológico, los cetáceos continúan atrapados en tanques de hormigón, con sus vidas dictadas por horarios de espectáculos y rutinas artificiales«, añade.

El zoo de Kolmården funcionó, durante décadas, como centro de cría que suministraba delfines jóvenes para espectáculos en otros delfinarios de Europa. Esto ha provocado una sobrepoblación de estos animales en cautividad, alojados en espacios insuficientes incluso según los estándares de los propios delfinarios. «Sospecho que este excedente es la razón por la que el zoológico de Kolmården no ha podido reubicar a los delfines que le quedan: otras instalaciones simplemente no tienen espacio», indica O’Barry.

El zoo sueco podría estar considerando la venta de sus delfines a centros en China, como han hecho otros delfinarios.

Trayectoria de explotación animal

El delfinario abrió sus puertas en 1969, con el nombre de Marine World, aunque las condiciones de los delfines distan muchos de parecerse a un «mundo marino». Desde entonces, 60 delfines han muerto en sus instalaciones. La última víctima fue una hembra de 12 años llamara Pärla, nacida en el zoo de Kolmården. Los medios señalaron que murió «de forma inesperada y repentina», pero no se han hecho públicos los resultados de la autopsia.

Tras su muerte, el zoológico suspendió temporalmente los espectáculos con delfines, pero un portavoz del centro normalizó los hechos como «una parte natural de la vida» y lamentó la «tristeza» que sentían sus cuidadores. O’Barry responde: «Como si morir bajo luces artificiales, lejos del mar, fuera parte de cualquier ciclo de vida natural«, y agrega que «este tipo de narrativa sigue centrándose en las emociones humanas, mientras ignora el sufrimiento muy real de los animales».

El padre de Pärla fue un delfín llamado Pinchi, capturado en Cuba en 1988 y enviado a Francia y después a Suecia. Murió en julio de 2014.

La madre de Pärla, Nephele, fue capturada en el Golfo de México en 1989. Primero fue vendida al zoo alemán de Haganbeck, ahora cerrado, y posteriormente fue trasladada al zoo sueco, en 1994. Nephele murió en 2024 tras tragarse un trozo de alga artificial utilizada como «enriquecimiento».

Dolphin Project explica que «la industria de los delfinarios lleva mucho tiempo utilizando la ilusión de una ‘sonrisa‘ para convencer al público de que los delfines son felices en cautividad, de que actúan porque disfrutan haciéndolo. Pero esta expresión facial fija no es un signo de alegría«. En realidad, «no hay nada por lo que sonreír en cautividad». Los zoos, según O’Barry, han convertido a «uno de los principales depredadores del océano en payaso de circo».

Santuario costero

La organización ha contactado con el zoológico para proponerle una alternativa ética para los delfines: un santuario costero donde puedan disfrutar de una vida más cercana a su naturaleza. Por ahora, el centro no ha respondido. O’Barry teme que la causa de la falta de respuesta sea la presión de la industria. «La red europea de delfinarios está estrechamente conectada». Si un zoo apoyara la creación de un santuario marino o el envío de sus cetáceos a un espacio de este tipo, se alteraría este statu quo y la imagen que la industria proyecta de sí misma.

«Un santuario costero, con agua de mar, estímulos naturales, oportunidades de alimentación y espacio para nadar haría que todos los tanques de Europa parecieran irremediablemente pequeños, sombríos y crueles en comparación. Pondría al descubierto la verdad: que los tanques nunca fueron suficientes. Que las actuaciones nunca estuvieron justificadas. Que el confinamiento en estadios de espectáculos nunca fue aceptable», apunta O’Barry.

La población, por su parte, se cuestionaría la acción de los delfinarios que siguen manteniendo animales en cautividad y su apoyo a estos centros. «La industria teme este ajuste de cuentas, por lo que se resiste a los santuarios a toda costa. En lugar de aceptar el cambio, los delfinarios se presionan entre sí para mantener un frente unido. La regla tácita es simple: no establecer un nuevo estándar. No admitir que hay una forma mejor».

Pero el zoo de Kolmården «debe actuar. No solo por sus propios delfines, sino para romper el encubrimiento sistémico que sostiene toda la red de cautiverio de delfines», manifiesta O’Barry, quien define los santuarios como viables y necesarios. «Lo que falta no es la posibilidad, sino la voluntad de cambiar».

El zoo sueco ha tomado la decisión de cerrar su delfinario y «tiene la obligación de no enviar a los delfines a otro estadio donde se les sigue explotando». Los delfines de Kolmården «han esperado demasiado tiempo. Es hora de sacarlos de esos tanques lúgubres y devolverlos a su hogar, el mar».

Deja un comentario

Entrada anterior:
Entrada siguiente:
contenido relacionado

Descubre más desde La Zona Veggie

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo