La sequía o el mal estado de los humedales se sitúan como factores que contribuyen a este declive
La población de garzas en España ha pasado de los 70000 individuos en la década de 1980 a tan solo unas 30000 parejas tras un período de cierta estabilidad. El avetoro común es la especie que presenta un peor estado de conservación (solo se ha registrado en 18 territorios de seis comunidades) y está considerada en peligro crítico. Únicamente la garza real se encuentra fuera de las categorías de amenaza establecidas por la UICN y ha ampliado sus zonas de cría. Son datos del último censo publicado por la organización SEO/BirdLife.
El censo estima la población de garzas entre 31687 y 33863 parejas repartidas en 531 núcleos de cría (348 colonias y 147 parejas aisladas) en un total de 1007 localidades. Soria y A Coruña son las dos únicas provincias donde no hay garzas reproductoras.
Pese a esta amplia distribución, más de la mitad de la población de garzas se localiza en los humedales del suroeste de la Península, aunque también en los litorales de las costas atlántico-andaluza y mediterránea. En el interior, se encuentran principalmente en los embalses y humedales de los ríos Tajo y Guadiana, si bien los tres humedales fundamentales para las especies de garzas son las Marismas del Guadalquivir, el Parque Natural del Delta del Ebro y la Albufera de Valencia, claves para su conservación.
«Las poblaciones de garzas están muy influenciadas por las fluctuaciones que se producen en el nivel de inundación de los humedales de carácter mediterráneo», explica SEO/BirdLife. Pero el censo publicado recientemente revela que la tendencia negativa de las poblaciones está muy vinculada con la «sequía acusada, especialmente en el período 2019-2020, que ha incidido en sus poblaciones», así como otros factores como la desaparición de los arrozales de determinadas zonas o el mal estado de conservación de humedales clave como Doñana.
El censo fue elaborado en las temporadas de reproducción de los años 2020 y 2021, coincidiendo con la pandemia y las restricciones de movilidad para las personas.
Resulta llamativo el caso de la garcilla bueyera, que pese a ser una de las especies más abundantes, está considerada como «vulnerable»; o el de la garceta grande, que se reproduce en España desde hace pocos años y su crecimiento se ha visto frenado.
Según el informe, el 22% de las poblaciones invernantes y migrantes de aves acuáticas presenta importantes problemas de conservación, una cifra que aumenta hasta el 63% en las que eligen los humedales españoles para reproducirse. Casi tres de cada diez especies de aves que dependen de estos ecosistemas se encuentran gravemente amenazadas.


Deja un comentario