Hace aproximadamente una década solía decirse, desde cierto sector del veganismo, que las personas veganas tenemos la responsabilidad de llevar un estilo de vida saludable para mostrar al resto del mundo que nuestro tipo de alimentación puede ser perfectamente sana, que podemos tener energía y que nuestra dieta no nos va a enfermar. Algunas de quienes empezamos en el veganismo por aquel entonces nos creímos ese discurso. Hoy muchas de las personas que lo defendían en redes sociales ya no son veganas, y curiosamente, han justificado su cambio en problemas de salud.
En cierto modo, ya no escuchamos tanto ese discurso, pero todavía hay quienes lo sostienen desde dentro del movimiento. Parece que si eres vegan solo puedes comer frutas y verduras frescas y ecológicas, comprar en comercios de barrio y productos de cercanía, no usar plástico, no tener móvil y hacer tus propias leches vegetales en casa. Sí, desde dentro del movimiento. Además de escuchar continuamente este tipo de comentarios por parte de terceras personas, de vez en cuando también los tenemos que oír de parte de personas veganas que se supone que entienden que el veganismo no va de ser saludable, ni de ser zero waste, ni de ser minimalista, ni de no usar plásticos, ni de apuntarte al gimnasio.
Pero no, no lo entienden. El veganismo consiste, ni más ni menos, en no participar con nuestro consumo en la explotación animal. Esto equivale a no comer carne, ni peces, ni lácteos, ni huevos, ni miel; a no vestir con pieles ni lana; a no acudir a circos, zoos y corridas de toros; a no montar a caballo ni participar en atracciones turísticas con animales o a rechazar el uso de estos en cualquier evento; a no comprar perros ni gatos, ni ningún animal, y en definitiva, a tratar de vivir de la forma más respetuosa posible hacia el resto de los animales y a entender que estos no son productos, ni objetos, ni bienes de consumo.
Por supuesto, es natural que nos preocupe el impacto del plástico en los animales. Por eso sabemos que no contribuir a la pesca es una buena forma de luchar contra esto, y que el hecho de comprar una hamburguesa vegana envuelta en plástico no nos convierte en malas personas ni resta credibilidad al movimiento. También somos personas, como las demás, con vidas ajetreadas, trabajos, tareas, o sencillamente, muy pocas ganas y tiempo, que nos impiden hacernos nuestras propias hamburguesas vegetales. Y no está mal comprarlas.
Si ha habido un cambio notable con respecto al veganismo en los últimos años ha sido una mayor presencia de productos cien por cien vegetales en todos los supermercados. Ya no tenemos que irnos a un herbolario para comprar tofu, leche de soja, hamburguesas, yogures o salchichas. Y no tenemos que culpabilizarnos por adquirir todos estos productos en grandes cadenas de supermercados.
Y sí, todos estos son productos procesados y muchas veces vienen envueltos en plástico. ¿Y? ¿Desde cuándo el veganismo consiste en eliminar los procesados de nuestra alimentación? Dejemos de confundir ética con dieta. Y sobre todo, dejemos de hacerlo desde dentro del movimiento.
Si eres una persona vegana y quieres alimentarte de forma saludable y sin procesados, hazlo. Si quieres comer unos espaguetis con salchichas vegetales, hazlo. En definitiva, come lo que te apetezca siempre que tu comida no salga de un matadero y entiende que hay otras personas veganas en el mundo cuya alimentación es totalmente distinta a la tuya. No es nada malo y ello no les quita el carné de veganas.


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