Testimonios hablan de falta de financiación e incluso de presiones para incluir pruebas en animales en estudios que no las contenían
Los científicos que se oponen a la experimentación con animales sufren discriminación por parte de sus propios compañeros de profesión, y advierten de que esta exclusión podría afectar negativamente al progreso de la ciencia. Varios profesionales estadounidenses han dado la voz de alarma en un artículo de The Independent basado en un estudio de la organización Index on Censorship. Algunos señalan que su posicionamiento les censura. Otros temen las consecuencias de manifestarse contra la experimentación animal, ante el arraigo de numerosas pruebas de este tipo que se realizan por defecto y la falta de apertura a otros métodos.
Según el artículo, los investigadores se ven obligados a realizar ensayos con animales si quieren que sus trabajos se publiquen o sean financiados. Algunos afirman que sus estudios han sido rechazados por no incluir ninguna prueba con animales o que los revisores han llegado a pedirles que las incluyan. Defensores de los métodos clásicos se han defendido alegando que estos científicos exageran en sus acusaciones.
La científica Lisa Jones-Engel es una de las que aporta su testimonio. Tras haber pasado años investigando con primates, fue expulsada de una conferencia dos horas antes de su intervención tras confesar que ahora trabajaba para PETA. Tras esto, Jones-Engel se reafirmó en su posicionamiento.
En 2022, un grupo de científicos entre los que se encontraba la doctora Jones-Engel descubrió que las poblaciones de macacos de cola larga, una de las especies de primates más utilizada en laboratorios, estaban disminuyendo drásticamente. La Asociación Nacional para la Investigación Biomédica estadounidense presentó entonces una petición a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) contra la inclusión de estos macacos en la lista de especies en peligro. Lisa Jones-Engel ha declarado que recibió ataques contra su persona. Su respuesta fue disfrazarse de primate para defender su postura.
«En otras disciplinas, aceptamos a científicos activistas. Aceptamos a científicos del clima que son activistas. Aceptamos a médicos que defienden a sus pacientes, que son activistas de los derechos de las madres. Pero dentro de la comunidad de investigación animal, eso se considera de algún modo anatema», señala.
Modelos alternativos
Otro de los testimonios es el de la científica Charu Chandrasekera, que fue criticada por la falta de datos sobre animales cuando desarrolló un modelo de tejido pulmonar humano bioimpreso en 3D. Afirma conocer a científicos que se guardan silencio porque les preocupan las consecuencias de su postura cuando solicitan subvenciones o presentan sus trabajos a revistas especializadas.
La doctora, que ahora es directora ejecutiva del Centro Canadiense de Alternativas a los Métodos Animales, también narra que cuando quiso crear un centro de investigación alternativo el decano de ciencias de su universidad le dijo: «Tiene que ser una broma. No quiero ofender a los investigadores de animales aquí». Charu Chandrasekera explica que existe en la comunidad científica una actitud que considera los datos humanos como meramente anecdóticos. «El sistema está establecido de tal forma que no se puede luchar contra él si se quiere hacer carrera en el mundo académico«, declara. «Dependes del dinero de agencias de financiación, y te piden datos sobre animales».
También narra su historia la doctora Frances Cheng, que en su etapa de estudiante cuestionó los métodos en animales por no ser científicos, ya que la biología de otros animales no se corresponde la humana. Cheng escribió una línea de la dedicatoria de su tesis a los animales que había matado «innecesariamente», pero su supervisor le pidió que la retirara si su objetivo era graduarse.
Cheng pasó más tarde a ocupar un cargo en PETA, pero está convencida de que los datos de ensayos en animales son más valorados que los basados en la fisiología humana. La científica cuenta que cuando se encontraba realizando una investigación clínica en un hospital le impidieron acceder por ser «una activista de los derechos de los animales». Más recientemente, escribió un artículo sobre los problemas del uso de roedores en investigación sobre nutrición humana, que fue rechazado por sus vínculos con PETA.
Las científicas que aportan su testimonio abandonaron los laboratorios en los que trabajaban para dedicarse a la ciencia sin animales, que en los últimos años ha avanzado pero el sector todavía es reticente a la aplicación de nuevos métodos. Los tres testimonios se suman a casi una treintena de científicos que han señalado haber sido obligados a incluir ensayos en animales en estudios que no los contenían.


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