La sentencia considera el sufrimiento individual de cada una de las aves
El Tribunal Supremo ha ratificado la condena contra un ganadero que dejó morir de inanición a al menos 170 ocas en una granja ecológica de Córdoba, tras haber interpuesto este un recurso de casación. Los hechos se remontan a junio de 2018. El ganadero ha sido condenado a 15 meses de prisión, tres años y seis meses de inhabilitación especial para cualquier profesión, oficio o comercio relacionado con animales y para la tenencia de estos. También deberá pagar las costas procesarles. Contra la resolución no cabe recurso.
La sentencia sostiene que los animales «no pueden ser degradados a la condición de cosas» y que «la cosificación de los animales es contraria al estado de nuestra legislación y a los compartidos valores que forman parte ya de una normalidad sociológica que ve en todo animal un ser sintiente, merecedor del respeto exigible a la vida, sea o no humana», en base al artículo 333 bis del Código Civil, tras la reforma de 2021 por la que los animales son considerados «seres vivos dotados de sensibilidad» y al artículo 12 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, por el que los países miembros deben tener en cuenta «las exigencias en materia de bienestar de los animales como seres sensibles».
El 21 de junio de 2018, el Seprona y la Oficina Comarcal Agraria de la Junta de Andalucía hallaron los cadáveres de 149 ocas. Al día siguiente, fueron encontradas muertas otras 21 en distintos puntos de la explotación, la mayoría amontonadas y otras dispersas.
La sentencia reconoce que el sufrimiento y la muerte de los animales «exigen un tratamiento penal que adquiera sentido a partir de su consideración como seres sintientes». El Tribunal Supremo aclara que no se trata de un único delito, sino de una conducta prolongada en el tiempo y reiterada, y que la conducta del ganadero afectó individualmente a cada una de las aves muertas.
Tal como recoge la sentencia, las ocas «carecían de masa muscular y presentaban un generalizado estado caquéctico por inanición». También «carecían de aporte alimenticio como pienso, así como de agua potable, salvo un pequeño bebedero y una pequeña charca de aguas pluviales apantanada, ubicada en uno de los corrales donde los animales bebían, se bañaban y defecaban, no reuniendo las condiciones higiénico-sanitarias adecuadas. Tampoco recibieron la adecuada asistencia veterinaria«.


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