Más de 1’5 millones de firmas piden que Reino Unido deje de importar pieles

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El país fue pionero en prohibir las granjas peleteras, pero sigue financiando esta industria a través de las importaciones

Más de 1’5 millones de personas han firmado en Reino Unido por la prohibición de la importación y la venta de pieles. La petición #FurFreeBritain, promovida por organizaciones como Humane World for Animals UK, RSPCA, PETA UK, Four Paws UK y Open Cages, busca presionar al Gobierno para que deje de permitir el comercio de pieles en el país, donde la producción ya está prohibida.

La entrega de las firmas coincide con un proyecto de ley que actualmente se tramita en el Parlamento y que pretende subsanar una importante laguna en la legislación vigente. La cría de animales en granjas peleteras se prohibió en Reino Unido hace más de dos décadas, pero el país, que fue pionero en ello, sigue recibiendo pieles importadas por valor de millones de libras anuales.

Reino Unido importa pieles de países como Finlandia, Polonia, Grecia o China, en un mercado que oscila entre las 30 y 40 millones de libras (entre 35 y 47 millones de euros). Según Humane World for Animals, este comercio provoca es responsable de la matanza de casi un millón de animales al año, sometidos en vida al confinamiento y el maltrato, para ser finalmente electrocutados o gaseados.

Actualmente, Reino Unido ya prohíbe la importación de pieles de gato, perro y foca, pero el proyecto de ley busca extender la normativa a zorros, visones, mapaches, coyotes o chinchillas, que se cuentan entre los animales más criados por la industria peletera. Mientras los perros y gatos generan más empatía que los animales salvajes que suman las principales víctimas de la industria peletera, las focas se protegen por motivos de conservación, pero no existen justificaciones éticas para seguir importando pieles de zorro o visón, entre otras especies.

Encuestas recientes han revelado un fuerte apoyo de la población a la medida, con un 77% de los británicos a favor de la prohibición de la importación de pieles.

Las granjas peleteras no solo persisten a costa del maltrato y el uso de animales por el beneficio económico, sino que también son focos de transmisión de enfermedades víricas, lo que quedó demostrado durante la pandemia de la COVID-19, cuando gobiernos de distintos países donde esta industria es legal obligaron a matar millones de animales en estas granjas. Las granjas peleteras son, de esta forma, un peligro para la salud pública.

El comercio de pieles también supone un impacto ambiental significativo. La producción de pieles se asocia a estos impactos desde la alimentación de los animales y sus desechos hasta el curtido de la piel de cada uno de ellos. Se estima que la huella de carbono de la piel de visón es 30 veces superior a la del algodón.

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