Toros, caza y ganadería en los medios locales

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Julio. Estamos en plena temporada taurina. Municipios de toda la geografía española celebran, a lo largo de las semanas que transcurren hasta septiembre, sus fiestas patronales, la excusa perfecta para soltar toros en sus calles para atosigarlos, extenuarlos y maltratarlos hasta su muerte en la plaza esa misma tarde o en el matadero después del encierro. También sueltan vaquillas u organizan concursos de recortes.

El verano también es una época complicada para los medios de comunicación. Básicamente, todo el mundo está de vacaciones. No hay temas suficientes (en realidad, siempre los hay, pero no siempre interesan a los jefes de las redacciones), es difícil concertar entrevistas o preparar un reportaje, hay pocas novedades y también es una temporada de calma política. En definitiva, resulta muy complicado rellenar las portadas y las páginas de los diarios escritos o digitales, de las televisiones y de las radios.

La solución para los medios locales: toros y hombres sacando a relucir su masculinidad tóxica mientras tiran del rabo a una vaquilla o a un toro en las portadas para ilustrar las fiestas de los municipios. Como si a eso se redujera el verano en los pueblos. ¿Para qué hablar de reencuentros familiares, de la masificación del turismo rural, de la contaminación de los entornos naturales en esta época del año? ¿Para qué mostrar que los pueblos son mucho más que toros, vaquillas, verbenas y peñas taurinas, si las portadas del verano siempre han sido estas? «Mi pueblo es taurino», dice en septiembre el visitante que solo reside en su casa del pueblo en julio o agosto, y que hace años perdió toda conexión con la realidad rural, pero reconoce que no viene en Navidad porque «el pueblo está muerto». Y esta es, en definitiva, la imagen que siguen transmitiendo los medios locales. Pueblos muertos o anclados en el pasado con sus festejos taurinos.

Caza y ganadería

En invierno hay otros temas: política de ayuntamientos y diputaciones, subvenciones, obras… Y por supuesto, caza y ganadería. Alguna que otra vez se cuelan en las páginas de algún diario local temas como el abandono de perros o las colonias felinas. Lástima que se pase muy por encima el hecho de que la mayoría de los perros abandonados proceden de la caza y la ganadería. Y que se hable de las colonias felinas para dar voz al vecino que se queja frente al testimonio de la gestora que trata de atender a los gatos en un entorno a veces hostil, sin apoyo siquiera de su ayuntamiento. Es difícil plasmar un problema cuando no se entiende en qué consiste. Cuando se sigue viendo a los animales como cosas que a veces molestan.

Eso es lo que les falta a los medios de comunicación, aunque puede que el problema no sea tanto la carencia de profesionales con enfoque animalista como la visión especista e interesada de los jefes de las redacciones y los directores de los medios de comunicación.

Por eso, los medios locales son el altavoz de la caza y la ganadería para seguir transmitiendo una visión obsoleta de estas actividades como indispensables en los pueblos, cuando en realidad son un problema. Es difícil encontrar noticias o reportajes sobre los peligros de hacer senderismo o una ruta en bici los fines de semana en cualquier pueblo por la presencia de cazadores. Mucho más difícil es que los medios hablen sobre el impacto ambiental de la ganadería extensiva.

Eso sí, no faltan las reivindicaciones de los ganaderos, o del «campo», como suelen apellidarlas; ni las quejas de los cazadores porque hay «sobrepoblación» de jabalís y de conejos. Y no es que los medios locales estén llenos de periodistas aficionados a la caza o hijos de ganaderos. Lo que ocurre es que ambos lobbies saben muy bien de quiénes rodearse. Y los directores de los medios de comunicación están entre esas personas. Cuando una asociación ganadera o cinegética quiere colar su discurso, no solo cuenta con la complicidad de esos directores que le encargan el tema a cualquiera de sus redactores, sino que también tienen vía libre para mandar a uno de sus representantes a copar las páginas de opinión.

En los últimos meses, tal vez hemos visto el ejemplo más claro de ello con el tema del lobo. Claro que en los pueblos hay personas animalistas, muchas más ecologistas, e incluso miembros de asociaciones que luchan activamente contra la caza de lobos. Pero no son estos quienes van a ser entrevistados. Y si lo son, su posición se enfrenta con la de la asociación ganadera de turno, pero no siempre para rebatir sus argumentos. La ganadería puede manifestar sus quejas libremente. El ecologismo es cuestionado constantemente.

Aún más grave es cómo se tratan los asesinatos ilegales de lobos. La caza furtiva solo se transmite como el enfado de los ganaderos, y no como la comisión de un delito, mucho menos desde un enfoque ético. A veces ni siquiera aluden a términos como «furtivo» o «ilegal». Pero puede que esto no sea más que un reflejo de cómo la justicia trata estos actos, que suelen quedar impunes.

Y si esto sucede con especies amenazadas, como el lobo… ¿Cómo no va a suceder con las no amenazadas? «Sobrepoblación», «plagas», «invasoras» son términos frecuentes con los que los medios se refieren a estas especies. Así, mantienen una mentalidad también obsoleta que entiende que la conservación de las especies pasa por eliminar a los animales que se considera que hacen un mal o que no son autóctonos. Nunca se dice qué sucede con estos individuos cuando se lleva a cabo planes de «gestión». ¿Les espera el sacrificio? ¿La reubicación? ¿Un zoo? Probablemente sea lo primero, pero esto no es un dato importante, porque la administración, que actúa como el lobby cinegético o ganadero, e incluso en base a los intereses de estos, ha hecho la buena acción del día. Y así es como se plasma. Los animales como individuos, sus intereses y necesidades no importan.

Pero hay excepciones. Distintos medios de comunicación generalistas también cuentan con contenidos muy buenos con enfoque animalista o antiespecista, que de vez en cuando se cuelan entre sus páginas, lejos de la lógica del click bait que a veces impera en los contenidos sobre animales. Esto es algo que molesta especialmente a los sectores cinegético, ganadero y taurino, conscientes de que aunque cuenten con el beneplácito de muchos directores y jefes de redacción, vivimos en una sociedad democrática donde existe la libertad de expresión, y conscientes también de poder de los medios, no solo como transmisores de opinión, sino como reflejos del pensamiento social. Es imposible que en pleno 2025 el respeto a los animales quede totalmente fuera de los medios.

Que estos contenidos molestan a dichos sectores ha sido algo constatado incluso por este medio, La Zona Veggie, que en momentos puntuales ha recibido correos electrónicos de cazadores, e incluso de alguna que otra gran compañía de mundo de los zoológicos, pidiendo explicaciones por alguna noticia que no está enfocada según sus intereses, y sí en base a los de los animales no humanos. ¿Pero qué esperan de un medio de comunicación antiespecista? ¿Que sea también su altavoz? Sería el colmo.

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