Las importaciones de carne y lácteos estancan el avance de las dietas vegetales en Arabia Saudí

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El país ha impulsado el cultivo de proteínas alternativas, pero no deja de importar productos de origen animal

Arabia Saudí ha visto, en los últimos años, un auge de innovadores proyectos relacionados con la alimentación basada en plantas, las proteínas alternativas, la hidroponía (el cultivo de plantas sin suelo) o la agricultura vertical. Sin embargo, las importaciones de carne y lácteos de origen animal de las que sigue dependiendo el país y que empresas de otros estados buscan fomentar mientras se reduce el consumo de estos productos en occidente, pone en duda las aspiraciones de alcanzar la soberanía alimentaria en el país árabe.

Arabia Saudí ha realizado importantes inversiones en cultivos de proteínas alternativas, como las lentejas, los garbanzos o la quinoa, que son, a su vez, la base de muchas alternativas vegetales. Empresas locales, además, han introducido en el mercado productos como la leche de avena. Por su parte, la agricultura vertical, con una financiación de más de 1000 millones de dólares anuales, permite una producción nacional más constante de vegetales.

Pero la carne de vaca y de pollo y lácteos como la leche o el queso siguen siendo considerados indispensables para buena parte de los consumidores, de lo que se aprovechan los proveedores extranjeros, y las importaciones de estos productos eclipsan los avances en sostenibilidad.

Impulsar la ganadería a gran escala en el país resulta complicado, debido al clima árido y la escasez de tierras cultivables al nivel que requieren las grandes granjas de animales criados para consumo. Esto perpetúa la dependencia de las importaciones internacionales si el país sigue manteniendo su sistema alimentario.

Por su parte, la carne cultivada se ha topado con importantes obstáculos en Arabia Saudí, como los elevados costes de producción o el escepticismo de la sociedad. También es minoritaria la fabricación de proteínas a partir de la fermentación de precisión de bacterias, hongos o algas.

Todo ello expone al país a una vulnerabilidad económica y de la cadena de suministro. Algo similar sucede en otros países asiáticos y en grandes mercados como China, que se ha convertido en el gran receptor de los productos cárnicos que exportan los países occidentales. En España, el sector porcino ha encontrado en el mercado chino un gran aliado para seguir creciendo económicamente y aumentar el número de cerdos explotados.

Sin embargo, países como China no han seguido tradicionalmente una dieta basada en carne u otros productos de origen animal, y las exportaciones de productos están creando nuevos deseos en la población que amenazan los esfuerzos por un futuro más sostenible y ético.

Fuente: Vegan FTA.

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